Cuatro años pasaron de la Tragedia de Chapecoense

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Era 28 de noviembre cuando el arranque de la primera edición de este portal a las seis y media de la mañana, hora atípica, ya que el horario en esos tiempos era a partir de las nueve. No dábamos crédito a lo que nos llegaba: Había caído el avión que transportaba a los futbolistas del Chapecoense a unos kilómetros del aeropuerto internacional José María Córdova, de Medellín.

Al principio todo era confuso. Se sabía que pocos iban a sobrevivir o, más bien, se creía que nadie iba a salir con vida de esa tragedia. El Vuelo 2933 de LaMia había desaparecido del radar. Los controles de la terminal aérea habían dado el alerta. Un joven baqueano orientó a los rescatistas. Los restos del avión yacían en el Cerro Gordo ubicado en La Unión, a cinco minutos del destino.

Eran las 22:50, horario colombiano. Hacía frío. Estaban a 3.330 metros por sobre el nivel del mar.

La negligencia. La mediocridad humana. La avaricia. Esos fueron los factores que desencadenaron los 71 decesos. Apenas seis salieron con vida, uno de ellos perdió su herramienta de trabajo: su pierna. Todos quedaron con una marca que portarán hasta el último suspiro de vida.

El equipo de Chapecoense había eliminado a San Lorenzo en el Arena Condá. Esa pelota sacada de la línea en tiempos de descuentos pudo haber sido, insólitamente, el peor error de la defensa del «Chape». Festejada por la multitud porque los metió en una inédita final de Copa Sudamericana, lamentada porque jamás llegaron a disputarla.

Atlético Nacional esperaba a los brasileños para jugar por la ida. Chapecoense lleva el escudo y los colores del Coritiba porque su fundador era fanático del ‘Coxa’, en reconocimiento el popular club curitibano decidió ceder el Antonio Couto Pereira para sedear la revancha siete días más tarde.

En esos tiempos el campeón de la Copa Libertadores podía tranquilamente jugar la Copa Sudamericana porque se jugaban en dos semestres diferentes, no en paralelo como ahora. El favorito era Atlético Nacional, justamente, por ser campeón de América. Pero, el Chapecoense soñaba con dar el golpe en casa.

Todos esos sueños, esas ilusiones, fueron cortadas como una daga. Los comandantes de la aeronave especularon con que llegarían sin problemas con el combustible que les quedaba. La torre de control no tenía muy en claro qué sucedía hasta que el capitán del vuelo confesó que se estaban quedando sin el vital elemento para seguir el rumbo. Les dieron prioridad de aterrizaje, pero jamás llegaron.

Danilo, el arquero fue de los pocos sacados con vida. Llegó a hablar con su esposa. Llorando desconsolado le contaba que estaba muy herido y que lo irían a operar en cuestión de minutos. No soportó las gravísimas heridas y claudicó en la mesa de operaciones.

Alan Ruschel, el arquero suplente Jackson Follman (perdió una pierna) y Neto apenas sobrevivieron. También salieron con vida el periodista Rafael Henzel (fallecido dos años y medio después de un infarto fulminante a los 45 años de edad), la sobrecargo Ximena Suárez t el técnico de vuelo Erwin Tumiri, ambos bolivianos.

Este hecho generó una congoja pocas veces vistas a nivel mundial. Los mensajes de solidaridad llegaban sin parar de todas partes.

San Lorenzo de Almagro, que había sido eliminado por los brasileños, decidió entrar a jugar su partido por el torneo argentino con el uniforme de Chapecoense. Danubio de Uruguay tomó el mismo rumbo.

En un acto de grandeza nunca vista el Club Atlético Nacional de Medellín decidió retirarse de la competición cediéndole así el trofeo de Campeón Póstumo al adversario. De esta forma, de común acuerdo con Conmebol y los auspiciantes, el dinero de premiación quedaba para los catarinenses.

Hinchas de Atlético Nacional y del archirrival Medellín salieron por las calles de la capital antioqueña abrazados coreando al unísono el nombre del Chapecoense.

@lostribuneros

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