Uruguay 30: arriba la celeste

Faltan hoy 101 días para el Mundial de Rusia 2018. Sí, otro Mundial. Parece mentira que hayan pasado cuatro años y mucha agua desde aquel Alemania-Argentina del Maracaná. Antes de ese 2014, hubo y hay una historia casi centenaria que no todos recuerdan. Porque el Mundial, nacido en los albores del siglo XX, no era ni por asomo el acontecimiento que es ahora. Por eso, a partir de hoy Tribunero.com repasa y cuenta la vida de la Copa del Mundo de fútbol, una auténtica novela best-seller.

En los comienzos de los 1900, el fútbol era popular sólo en las islas del Reino Unido, los inventores del deporte. De a poco se expandió y popularizó y así empezó a incluirse en los exclusivos Juegos Olímpicos del momento. En París 1900 y Saint Louis 1904 fue exhibición. Ese 1904 fue fundada la FIFA, que tenía la idea para 1906 de un campeonato internacional en Suiza, su sede, pero no se hizo. Sin embargo, la propuesta se mantuvo y para los Olímpicos de 1908, en Londres, lo declaró deporte oficial. Mientras tanto, el comerciante escocés Sir Thomas Lipton, creador del famoso té,  realizó en Turín un certamen mundial para clubes en 1909, que algunos consideran como primera Copa Mundial.

En 1914 la FIFA reconoció el torneo olímpico como un campeonato mundial amateur y decidió organizarlo a partir de 1920, con la inclusión de Egipto y países sudamericanos, entre ellos Uruguay, que así surgió brillantemente como campeón en París 1924 y Amsterdam 1928. En la ciudad neerlandesa, la entidad madre finalmente aprobó en un congreso la realización del Mundial para 1930, abriendo la invitación a la sede a los países que la formaban. Se presentaron Italia, Hungría, Holanda, España, Suecia y el propio Uruguay, y los títulos celestes y el cercano centenario de su independencia motivaron a su presidente, el francés Jules Rimet, a elegir la tierra charrúa como la casa del primer Campeonato Mundial de Fútbol.

En el país vecino el entusiasmo era enorme. El presidente Juan Campisteguy apoyó la iniciativa y envió a diplomáticos para conseguir el evento. Y para festejar su obtención, se construyó un estadio nuevo, un lujo para la época: el Centenario. En sólo cinco meses, en tres turnos, obreros trabajaron como locos para finalizar el coloso, pero las lluvias cerca del inicio pactado para julio de 1930 postergaron su estreno, y obligaron a buscar otras canchas. Fue así que el nacimiento del Mundial no fue en el Centenario sino en las de Nacional, el Gran Parque Central, y de Peñarol, el desaparecido Pocitos. Superado ese problema, la organización chocó con otro más fuerte: los europeos no querían saber nada de ir a Uruguay, debido a los costos de los viajes en barco, como se usaba entonces. Incluso Francia no quería liberar a sus futbolistas. Debió mediar el mismo Rimet para que su país y otros tres participaran. Franceses, yugoslavos, belgas y rumanos fueron en el “Conte Verde” todos juntos y arribaron al Río de la Plata, donde jugarían junto al local, Argentina, Brasil y otros seis sudamericanos. Y entonces…

El 13 de julio de 1930, a las 15 horas de Uruguay, se largó la modesta primera Copa del Mundo. En Pocitos, por el Grupo 1, fue el francés Lucien Laurent que a los 19 minutos batió al arquero mexicano Bonfiglio y marcó el primer gol de la historia, que inició la goleada de los potentes galos 4 a 1, en el grupo de Argentina y Chile. A la misma hora, en el Central y por el Grupo 4, Estados Unidos, lleno de ingleses, pasaba arriba a Bélgica 3 a 0. Pero el primer gran día fue el 18 de julio, día del centenario, en que se inauguró oficialmente “el templo del fútbol”, como lo bautizó Rimet. Y en el coloso, Uruguay debutó en su Mundial por el Grupo 3 ante Perú, que le presentó dura batalla hasta que Héctor “el Manco” Castro marcó a los 15 minutos del segundo tiempo con un remate el gol del triunfo. Días después, el Centenario fue el lugar fijo de los partidos, la celeste dirigida por Alberto Supicci goleó a Rumania y pasó a las semifinales, como los ganadores de los otros grupos: Argentina, Yugoslavia (dejó a Brasil) y los norteamericanos.

Uruguay y Argentina venían enfrentándose desde 1901 y eran,con excepción de Inglaterra, los mejores del mundo. Y lo demostraron arrasando a yugoslavos y americanos con sendos 6-1. Y como se preveía, se vieron una vez más pero por un tremendo motivo: ser campeón mundial. Lamentablemente, un clima hostil se había creado en torno a la final, primero por la conocida rivalidad rioplatense, y porque especialmente había animosidad con Luis Monti, el “Doble Ancho”, el centromedio argentino, marcado por un enfrentamiento con su par uruguayo Lorenzo Fernández en un Campeonato Sudamericano en 1929. Una falsa amenaza de muerte hizo a Monti decidir no jugar la final, pero los dirigentes de su San Lorenzo de Almagro, Pedro Bidegain y Larrandart, lo convencieron y actuó con los albicelestes aquel 30 de julio ante casi 93 000 personas.

Argentina, que llegaba a la instancia cumbre a puro gol, dio vuelta la desventaja inicial (Dorado a los 12 minutos) con goles de Peucelle y Guillermo Stábile antes del descanso. Pero, no se sabe si por miedo a represalia o por quedo real, fue superado por Uruguay, que con tantos de Cea, un golazo de Iriarte de lejos y otro de Castro sobre la hora ganó 4-2 y fue el primer campeón. O, mejor dicho, el campeón de la primera Copa del Mundo de la historia. Nada más ni nada menos.

1º campeonato mundial de fútbol uruguay 1930

13 AL 30 DE JULIO DE 1930, 13 PAÍSES

GRUPO 1: Argentina, Chile, Francia, México

GRUPO 2: Brasil, Yugoslavia, Bolivia

GRUPO 3: Uruguay, Rumania, Perú

GRUPO 4: Estados Unidos, Paraguay, Bélgica

LA FINAL

30 de julio de 1930

Uruguay 4-2 Argentina

Goles: Dorado 12´, Cea 57´, Iriarte 68´, Castro 89´ (U), Peucelle 19´, Stábile 37´ (A).

Estadio: Centenario.

Arbitro: John Langenus (Bélgica).

URU: Ballestrero; Nasazzi, Mascheroni; Andrade, Lorenzo Fernández, Gestido; Dorado, Scarone, Cea, Castro e Iriarte. DT. Alberto Supicci.

ARG: Botasso; Della Torre, Paternoster; Juan Evaristo, Monti, Arico Suárez; Peucelle, Varallo, Stábile, Ferreira y Mario Evaristo. DT. Francisco Olazar.

Diego Martín Yamus.
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