Historietas de Mundial 58: Argentina humillado por Checoslovaquia y su propia realidad 

Tras la enorme espera de 24 años, En Suecia 1958 Argentina era uno de los más esperados retornos del Mundial. El equipo de Guillermo Stábile llegaba al Norte de Europa con pretensiones de demostrar su candidatura al título, hasta allí sólo en palabras. Esa soberbia produjo la peor actuación en una Copa que incluyó una humillación ante Checoslovaquia e incidentes con monedazos a su regreso.

La Selección contaba como siempre con plantel de lujo. Amadeo Carrizo en el arco, Pedro Dellacha atrás, Néstor “Pipo” Rossi al medio, delanteros como Corbatta, Menéndez y el enorme Angelito Labruna. Pero los rumores de indisciplina y la subestimación y desconocimiento de sus fuertes rivales europeos sería la causa de una imagen lastimosa. En el estreno arrancó ganando a los tres minutos por Corbatta sobre el campeón Alemania, pero éstos poco tardaron en pasarlo por arriba y lo vencieron fácil 3 a 1. Días después Argentina comenzó en desventaja contra el debutante Irlanda del Norte a los tres, pero Corbatta, Menéndez y Avio lo revirtieron a 3 a 1 y le brindaron la esperanza de pasar a los cuartos de final, para lo cual el 15 de junio debían medirse ante una irregular Checoslovaquia, que también necesitaba el triunfo.

Y esa tarde en el Olympiastadion de Helsingborg, los checos salieron más potentes y aprovecharon la lentitud y ventajas de un albiceleste desnorteado, mareado. A poco de comenzar se lesionó el medio de Boca Juan Lombardo, dejando a su equipo con diez al no existir los cambios. Y en 17 minutos Checoslovaquia iba dos goles arriba, y a los 39 aumentó a tres. Corbatta alcanzó a descontar promediando el segundo tiempo, pero enseguida un cuarto y sobre el cierre un doblete de Zikan consumaron una de las dos peores derrotas de la historia argentina, la otra el 1-6 ante Bolivia en 2009 por  eliminatorias sudamericanas.

La realidad que Argentina no quería ver le dio un sopapo de lo más doloroso. Pero faltaba el otro, más triste aún, el de los indignados hinchas. Al regreso al aeropuerto de Ezeiza, el plantel fue agredido con una lluvia de monedas arrojada por los decepcionados fanáticos. Fue la rúbrica de un baño de humildad que, sin embargo, la Selección no tomaría hasta muchos años más tarde. Esos seis goles ante un rival fuerte pero no tan importante, que quedaría afuera luego en desempate con los irlandeses, representaron la cruda verdad llamada “el desastre de Suecia”. Un real desastre que se veía venir.

Diego Martín Yamus
diegoanita@hotmail.com.ar

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