Ser campeón de selecciones es una maldición

No parece, es una real maldición. País que gana un torneo oficial de fútbol, sea el que sea, cae estrepitosamente en el siguiente evento grande. Un campeón de América queda afuera de jugar un Mundial, uno de Copa Confederaciones se va en primera ronda. Chile, Alemania, Camerún actualmente, Argentina o Brasil en otra época dan prueba de ello.

Especialmente la maldición sucede para la gran cita del fútbol. El último bicampeón, como se llama al que gana dos veces seguidas, fue el Brasil de Pelé en Suecia 1958 y Chile 1962. Después, la mayoría de los campeones reinantes vieron caer su majestad al suelo: el mismo Brasil en la primera ronda de Inglaterra 66; los ingleses en cuartos de México 70 en ese alargue con Alemania; otra vez el gran «scratch», ya sin Pelé, cuarto y flojo en Alemania 74; los alemanes mal en Argentina 78, ganando sólo un partido y perdiendo el clásico con Austria; la Selección de César Luis Menotti caída en España 82; la Alemania tricampeona de Italia 90 en cuartos de Estados Unidos 94; la Francia de Zidane, primeriza en su país en el 98, afuera rápido en Corea-Japón 2002; aquel lírico Brasil de Ronaldo en cuartos de Alemania 2006; la Italia tetracampeona ese año eliminada penosamente en Sudáfrica 2010, y qué decir del fracaso de España, campeón en Africa, a casa en la ronda 1 de Brasil 2014. Sólo Alemania de los 80, la Argentina de Bilardo y Brasil de los 90 jugaron dos finales en cuatro años y quedaron bien ante el público mundial.

Lo mismo con los que ganan un torneo continental. Salvo con Francia campeón del 98 y de la Eurocopa 2000, y la España de la trilogía Euro 2008- Mundial 10- Euro 2012, otros han sucumbido inesperada y sonoramente. Por citar algunos ejemplos, Holanda brilló en la Euro 88 con Gullit y Van Basten, pero nada de eso mostró en Italia 90 y encima cayó en octavos de final con los alemanes, luego campeones. Dinamarca maravilló en la del 92, luego no fue al Mundial 94. Argentina fue bicampeón de la Copa América con Alfio Basile en 1991 y 1993, pero en Estados Unidos 94 el dóping positivo de Diego Maradona y el mal nivel ante Rumania lo dejaron afuera en los octavos de final. Lo mismo Brasil, vencedor de dos Copas América seguidas (2004- 2007) que se fue en dos cuartos de final consecutivos. México y Estados Unidos han arrasado con la Copa de Oro de la CONCACAF, pero no han plasmado ese potencial en la Copa del Mundo. Egipto se llevó tres veces al hilo, lo que nadie en África, la Copa de Naciones, sin embargo no jugó en Sudáfrica 2010 ni Brasil 2014. Y ahora, Chile, el bicampeón de América, y Camerún, el rey africano, no están en Rusia 2018. Y veremos qué pasa con Portugal, el grande de Europa en 2016, cuando juegue con Uruguay.

Para hilar aún más fino y comprobar que la maldición existe, el campeón de la Copa Confederaciones pasa por algo similar. Ninguno de los exitosos del segundo certamen más importante de la FIFA anduvo bien en un Mundial. ¿Quién? Argentina en 1992, con el final citado del 94; Brasil del 97, 2005, 2009 y 2013, luego humillado en el gran torneo (el 1-7 con Alemania en 2014), Francia en 2001 con el resultado dicho de 2002, y el último gran ejemplo el de esta mañana, Alemania, el excelente ganador de la Confed 2017, eliminado por primera vez en la primera fase de la Copa.

A quienes sí les va bien son a Corea del Sur, Croacia, Suecia, Suiza, hasta a Argentina que estuvo a cuatro minutos de la dura vuelta en este Mundial. Ya saben, países del planeta fútbol: si quieren ser campeones del mundo, mejor ni se presenten a un evento antes…

Diego Martín Yamus.
diegoanita@hotmail.com.ar

@lostribuneros

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