Peñarol fue el último campeón un sábado, en 1987

La Conmebol decidió cambiar las fechas de las finales de la Copa Libertadores de América. Peñarol fue el último en levantar un trofeo un día sábado, fue un 31 de octubre de 1987.

Boca y River definirán la final de la Copa Libertadores de América 2018 y será en un día atípico: sábado.

La decisión cambió casi sobre la marcha porque estaba estipulado para esta edición que se juegue un miércoles, sin embargo, por tratarse de un clásico (si no deciden darle por ganado el partido a Grêmio por el tema de Marcelo Gallardo) lo jugarían el sábado, como será a partir de 2019, que en esa ocasión va a ser final única y en cancha asignada antes de comenzar la competición.

No fueron muchos los sábados de gloria, pero el último y, sin dudas, más recordados fue aquel de 1987, en lo que fue, sino, la mejor final de la historia de la Libertadores entre América de Cali y Peñarol, en Santiago de Chile.

Por la ida los escarlatas habían ganado 2-0 en el Pascual Guerrero, y en Montevideo los ferroviarios se impusieron 2-1 con un golazo del «Bomba» Villar sobre el final.

La directiva peñarolense, rápidamente, propuso jugar el partido desquite en Santiago de Chile apenas tres días después del juego celebrado en el Centenario.

Por aquellos tiempos Amadís Errico y José Pedro Damiani fueron tratados de «locos» o, más bien, de «suicidas» por no esperar el tiempo de tolerancia que les daba la Conmebol. De acuerdo con el «Maestro» Tabárez decidieron fijar el Estadio Nacional de Chile. Peñarol era quién decidía el país y la fecha.

La puja se jugó por la tarde ese 31 de octubre. América de Cali jugaba con un equipo de estrellas donde estaban el «Facha» Julio César Falcioni, los paraguayos Roberto Cabañas y el avión imparable Juan Manuel Battaglia, el exquisito Sergio Santín, uruguayo, y en el centro del área el implacable Ricardo Gareca, por citar algunos nombres de peso.

Peñarol, por su lado, presentó un Sub 23 reforzado apenas por Eduardo Pereyra en el arco, Marcelo Rotti en el fondo, en el medio el «Zurdo» Viera y adelante… todos pibes de las inferiores y un Cabrera, juvenil, pero proveniente del Bella Vista.

El empate le daba la copa al conjunto americanista. En los 90′ acabaron sin goles. Llegó el tiempo suplementario y no pasaba nada. América, como lo hizo durante toda la final, especuló. Sobre el final, tiraron pelotas a la cancha para enfríar a los uruguayos. Luego, el «Pepe» Herrera se cruzó con el crack de ellos, el «paragua» Cabañas y ambos vieron la roja.

120′ iban, cuando el referí se llevaba el silbato a la boca y miraba su cronómetro. La multitud de colombianos coreaba «dale campeón, dale campeón», hasta que una pelota larga le llegó a Diego Aguirre (hoy entrenador del Sâo Paulo) y éste entró al área como un puñal, sacó un remate cruzado y ¡a llorar de la emoción!.

Los uruguayos no alcanzaron a gritar el gol porque no creían lo que sucedía. Más bien unos lloraban, y otros, se pellizacaban a ver si esto era cierto.

Peñarol, ese sábado, en la capital de Chile, se coronó como pentacampeón de América, con sus pibes, y desde ahí nunca más se jugó una final un fin de semana.

 

@lostribuneros

 

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