Los más viejos del mundo se ponen el frac y la galera para encararse en el “Teatro Centenario”

(Foto: Sebastián Castillos) Dos verdaderos monstruos del fútbol mundial se verán las caras el próximo domingo en la ciudad de Montevideo. Peñarol y Nacional es el nombre de dos clubes que tienen la rivalidad más añeja del planeta, fuera de Gran Bretaña.

El frac y la galera están listos para el domingo, el viejo estadio Centenario se convertirá en un teatro de los sueños y tanto Nacional como Peñarol prepararán su ballet.

El encuentro será válido por la jornada 11 del Torneo Clausura de Uruguay; Nacional arrancó dando muchas ventajas al comienzo del campeonato pero se levantó al mejor estilo del ave fénix, Peñarol al revés, venía punteando pero una serie de decepciones, como la eliminación de la Libertadores, le pegó para abajo y cayó varios escalones.

Para estos partidos nunca hay favoritos y, por lo general, lo gana quien se levanta de mejor ánimo.

El primer clásico se jugó en 1900 y el ganador fue Peñarol. El equipo aurinegro por aquellos tiempos se llamaba Central Uruguay Raiwall Cricket Club y “Peñarol” era su apodo en homenaje a la localidad donde se ubicaba su sede. Los “manyas”, “carboneros”, “mirasoles” o “aurinegros” (y hasta 1983 apodados “Decanos”) nacieron en cuna de oro, pues sus creadores fueron los directivos de una empresa ferrocarrilera inglesa. La picardía de los británicos estuvo en la de integrar a los obreros en el primer equipo y la de permitir a los más humildes de ingresar en el club, aunque bien como eran los ingleses en esa época, los tenían como “Clase B”.

Nacional, producto de la fusión de tres de los colegios más “paquetes” de la época, y con una mano del decano de la Universidad de la República, Alfredo Vázquez Acevedo, nació, al igual que Peñarol, en cuna de oro. Los “Tricolores”, “Bolsilludos”, “Albos” o “Nacionalófilos”, son el primer club en Sudamérica en estar integrados por deportistas nacidos en Uruguay; si bien se autoproclaman los “criollos” la historia no es tan así, ya que sus integrantes eran de clase acomodada y no obrera.

La rivalidad es enorme, es tan grande, que hasta a veces se vuelve cruel. En verano nuestros compañeros Marcelinho Witteczeck fue junto a Pablo “Mc. Gyver” Acevedo (técnico y chofer del móvil) fueron a cubrir la previa del clásico en lo que fue una verdadera “oficina de campaña”, Daniela Maruti había sido la elegida para hacer las notas pero perdió el vuelo, Anikó era la suplente pero estaba de vacaciones en el sur y tampoco llegó; en Buenos Aires, Fede Angostini coordinaba todo junto a Renato González y al leer los posteos de nuestros compañeros por vía interna les dijeron “rajen”.

Ahí tomamos la dimensión sobre la rivalidad que hay entre dos gigantes  del fútbol mundial. Los uruguayos son los individuos más amables y educados del mundo, pero cuando hay una pelota en juego, los hooligans quedan en ridículo.

No todo es Boca vs River.

Romina Guimaraes, Buenos Aires.

@lostribuneros

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