Vida de la Copa América: Brasil campeón tras 150 minutos

Tras el doblete de Uruguay de 1916 y 1917, el Campeonato Sudamericano de Selecciones, hoy la Copa América, iba por su tercera edición en 1918, pero debió posponerse para 1919 por el brote de gripe española que afectó a Río de Janeiro, sede de este certamen. Porque esta vez el lugar no era el Río de la Plata sino Brasil, uno de los fundadores del torneo y de la flamante CONMEBOL, que sin  embargo no era la potencia actual, a pesar de contar con su estrella Artur Friedenreich, primer futbolista de raza negra del país. 

Pero los locales y la celeste marcaron claramente el camino ante Argentina y Chile, los mismos cuatro de las dos rimeras veces. Por lo que tras vencer fácilmente a ambos, llegaron igualados en puntos a la tercera y última fecha. 

En el antiguo estadio Das Laranjeiras debía haber un vencedor ese 26 de mayo. Los celestes se colocaron 2-0 ante unos 23.000 cariocas que   llenaban el recinto, con goles de Isabelino Gradín y Carlos Scarone, y parecía que tenían el «tri», pero Neco, la otra gran figura local, marcó un doblete y el 2-2 derivó en un partido de desempate, bien como era esa época de definiciones.  

Tres días después era la repetición en el mismo lugar. Treinta y cinco mil hinchas querían el éxito de su selección, dirigida por Haroldo Domingues. Pero once orientales entrenados por Severino Castillo buscaban darle la vuelta en la cara a su vecino. Así fue tan parejo el partido que los 90 minutos concluyeron de nuevo empatados a cero. Entonces se procedió al alargue, nadie sabe por qué de una hora en lugar de los 30 minutos que se hacen hoy. Los 22 protagonistas corrieron 150 minutos, una locura sin medida en un tiempo donde la preparación física aún no era central. Por suerte para los físicos de todos, hubo un gol definitorio. Y fue justamente Friedenreich, a los 2 minutos del segundo período de 30, es decir a los 122, el héroe del título.  

Si Uruguay hubiera arribado a la paridad, se sabe que se hubiera hecho otro partido, y otro y otro si era necesario. Como diría la gente tribunera, jugarían «hasta el día del arquero». Aquí en 150 minutos se decidió todo. Nada más ni nada menos que un puñadito de dos horas y media de fútbol.  

Diego  Martín Yamus. 
diegoanita@hotmail.com.ar 

@lostribuneros

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