El oficio del Barcelona fue mucho más que un pobre Nápoli

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Atrás quedaron los líos internos por la pérdida de La Liga en manos de Real Madrid. Borrón y cuenta nueva hizo Quique Setién, apuntando ahora de lleno todos los cañones a la Champions League.

Por la ida los culés, cinco meses atrás, había logrado un empate a uno en Nápoles que animaba mucho habida cuenta de que debía definirse en el Camp Nou.

Vino la pandemia, los líos internos culés, y llegaron las dudas ¿rendirá Barcelona ante Nápoli?

Los pingos se ven en la cancha. Así fue. Barcelona directamente le tiró con el oficio y la calidad de sus jugadores. Funcionó muy bien como equipo y no dependió de la magia de Lionel Messi, sino que jugó un buen fútbol colectivo ante un pobre equipo italiano que hizo lo que pudo.

Sin ideas pero con mucho orgullo el Nápoli arrancó presionando e intentando sorprender. Hubo una jugada inicial que tras un error de un frío Piqué no terminó en gol por esas cosas.

Cuando la oncena de Genaro Gattuso empujaba en campo barcelonés, cerraba espacios e intentaba la forma de perforar el sólido fondo, en la primera jugada a fondo que derivó en córner, de cabeza el zaguero francés Lenglet puso el 1-0. Iban apenas nueve minutos.

Con el resultado condicionado pero sabedor que si empataban la serie quedaría igualada y de quedarse 1-1 habría prórroga y hasta penales; todo era reciente y eran apenas conjeturas porque cuando los volantes Sergi Roberto, el «Raqueta» Rakitic y de Jong calentaron motores, el juego cambió radicalmente.

La marca celosa a Messi comenzó a presentar fallas; la Pulga les buscó la vuelta y comenzó a aparecer esporádicamente, pero las veces que lo hizo acabó en el 2-0, tras una pelota peleada en el área y desde el suelo se la puso abajo y contra el palo a Ospina. Era el minuto 23 y todo estaba liquidado.

Qué se puede decir del Nápoli. Jugaron en base a cerrar espacios, tratar de llegar por las puntas pero no hubo sorpresa. Apostaron al juego aéreo pero Barcelona tiene gigantes defendiendo que le daban batalla a un subidor Koulibaly.

Mientras que el Barça jugaba en función al equipo, y contaba además con el factor sorpresa provocado por Messi, en especial, los «tanos» daban batalla con Fabián Ruiz por la derecha, en el centro del medio estaba Demme y en la izquierda Zieliñski, mientras que adelante Mertens estaba solo y no podía conectarse con Insigne y José Callejón.

Lionel Messi en el minuto 30 bajó una pelota con el pecho y se la puso en un ángulo al colombiano Ospina, pero, incomprensiblemente el VAR anuló la conquista alegando una falta.

Pese a esta decisión el equipo de Setién no se desconcertó sino que siguió bregando. Nápoli hacía ruido, solo eso, pero los goles los tenía el Barcelona.

Una jugada verdaderamente insólita posibilitó el gol de penal de Luis Suárez en el minuto 45. El defensor Koulibaly estaba en su área transportando el balón, de pronto, fue a revolearlo hacia el campo rival, en ese interín Messi le puso el pie mientras la pierna del senegalés iba en viaje; caída fea tras el patadón, penal y llegó el 3-0.

Unos minutos dio el referí de descuento antes del descanso. Jugada dudosa pero el VAR dijo que hubo penal de Rakitic; Insigne tiró y gol: 1-3 fueron al descanso.

El complemento fue de un dominio territorial del Nápoli, pero nada pasó. Fue ruido y más ruido y alguna que otra jugada. El tiempo pasaba y el partido se puso anodino. Finalmente el referí pitó y el juego acabó con una justa victoria del Barça, sin ser nada de otro mundo, y con la imagen digna de un equipo italiano que hizo lo que pudo.

Barcelona jugará con Bayern Munich en Portugal por Cuartos de Final.

@lostribuneros

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