Brasil llora por Neymar lo que Uruguay por Luis Suárez

(Foto: Reuters) El Mundial de Brasil está llegando a su fin, y uno se siente feliz de estar trabajando en lugar donde se celebra la copa del mundo, para tener las noticias de primera mano, sin estar pendiente de las agencias de noticias. Y la sensación que me dejó la seria lesión que sufrió Neymar, sinceramente, fue de justicia.

Uno habla de justicia y usted dirá ¿qué justicia?, y yo les digo, como brasileño que soy de nacimiento, pero uruguayo de alma y corazón, que la expulsión de oficio a Suárez fue todo una maniobra de la Rede Globo, el monopolio mediático “dueño” de Brasil, y por qué no, del Mundial, ya que tienen los derechos de transmisión y una influencia impresionante sobre la FIFA.

Uruguay era el “temido rival” a vencer, porque los charrúas llegaron al país norteño cargando con los fantasmas del 50.

Los celestes arrancaron mal en este Mundial, decepcionaron en su juego ante Costa Rica, y se los daba por muertos. Precisaban ganar el 100% de los puntos ante monstruos como Inglaterra e Italia, y contra todos los pronósticos: lo logró.

El triunfo sobre Italia por 1-0 era el tema central de todos los diarios deportivos del mundo, por la magnitud del resultado, porque logró algo que parecía imposible, y esto se convertía en el gran factor anímico que iba a impulsar a los celestes a estar en los más alto, pero hubo una mano negra que en cuestión de horas se encargó de oscurecer todo: la Rede Globo.

Este monopolio minimizó el resultado, convirtiéndolo en algo anecdótico y comenzó a presionar con el famoso “mordiscón” de Suárez, repitiéndolo centena de veces en pocas horas, generando un escándalo, y presionando a la FIFA para que el jugador oriental quede afuera del equipo, lográndolo.

“Luisito” como lo apodan acá, no sólo fue suspendido, sino que fue expulsado de Brasil. Algo nunca visto, y tenido en cuenta por la organización de los Derechos Humanos.

La indignación por el proceder de la televisión brasileña y de la FIFA, generaron un fuerte sentido de impotencia, tal, que uno rogaba porque se haga justicia, y la justicia, llegó en el momento menos pensado, pegándole a los brasileños, que tanto se burlaron de Suárez, dónde más les duele: Neymar.

No soy de desearle el mal a nadie, ni tampoco rogué para que esto le sucediera al ídolo verdeamarelo, pero estaba sediento de justicia, y tras la falta de Zúñiga, sentí una compasión mezclada con algo de morbo.

Recé para que el jugador no vaya a quedar con una discapacidad, pero, admito, que me hizo sentir bien el saber que quedará fuera del Mundial, y que me generó placer ver a cada integrante de la Rede Globo, que dio “máquina” contra Suárez, “llorar” por lo que le pasó a su ídolo.

Marcelinho Witteczeck

@lostribuneros

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