El ’10’ firmó ante Egipto una exhibición de liderazgo silencioso: decidió el partido con un latigazo en el 78′, igualó el récord histórico de Salah y secó a los Faraones con un despliegue defensivo impropio de una estrella de su estatus.
En los grandes escenarios, cuando la táctica ahoga el talento y el reloj empieza a pesar como el plomo, los equipos suelen buscar a sus ídolos. Senegal, en una semifinal de alta tensión en Tánger, no buscó a un delantero: buscó a un capitán. Y Sadio Mané respondió con una actuación que explica por qué, a sus 33 años, sigue siendo el sol que ilumina el sistema de los Leones de Teranga.
Un gol con peso histórico
El partido parecía destinado al drama de la prórroga hasta que apareció su bota derecha. En el minuto 78, tras un rechace de Lamine Camara, Mané no dudó. Su disparo desde fuera del área no solo rompió el muro de El Shenawy, sino que también rompió los libros de estadística: 11 goles en la Copa de África, igualando la marca histórica de su eterno rival, Mohamed Salah.
Pero reducir su partido al gol sería injusto. Lo de Sadio fue una clase magistral de omnipresencia.
El atacante que defiende como un cierre
Mientras Salah naufragaba aislado en la punta egipcia, Mané entendió que para ganar este partido había que trabajar en el barro. Su mapa de calor reflejó un compromiso total:
-
Sacrificio defensivo: Registró un 100% de efectividad en tackles y ganó 6 duelos directos, bajando constantemente a colaborar en la presión alta que desconectó la salida de balón egipcia.
-
Generador de juego: Ante la falta de profundidad de Jackson y Ndiaye, él fue el motor, creando 4 ocasiones claras de gol y manteniendo una frescura física que contrastó con el desgaste del bloque rival.
Líder ante la adversidad
Con la baja por lesión de Kalidou Koulibaly mediada la primera parte, Senegal necesitaba una voz que mantuviera la calma. Mané asumió ese rol, gestionando los tiempos, pidiendo la pelota cuando quemaba y alejando el peligro de su área mediante posesiones largas. Su rating de 8.5/10 no es una cifra vacía; es el reflejo de un jugador que participó en 5 de los goles de su equipo en este torneo y que hoy, sin asistencias registradas, fue el origen de todo lo bueno que le pasó a Senegal.
Sadio Mané ya no tiene la punta de velocidad de sus años en Anfield, pero ha evolucionado en un futbolista total. Un líder que presiona, que recupera y que, cuando el partido se lo exige, saca el látigo para decidir una eliminatoria. Marruecos o Nigeria esperan en Rabat, pero Senegal duerme tranquila: su rey sigue teniendo hambre de gloria.
Tribunero.com Portal futbolero








