Entre el secuestro exprés de Maduro por parte de Trump y la ceguera selectiva de una FIFA que solo ve dólares, el fútbol mundial se convierte en el felpudo de la geopolítica yanqui.
Estados Unidos sacó el lazo, cruzó la frontera y directamente secuestró al presidente venezolano Nicolás Maduro bajo el rótulo de «narcotraficante», una movida tan arbitraria como efectiva para el show electoral. En un despliegue de prepotencia imperial que haría sonrojar al mismísimo Putin, Washington decidió que la soberanía nacional es un concepto decorativo cuando hay petróleo o votos de por medio en Florida.
«Es una agresión que rompe cualquier norma internacional, más allá de que el líder vinotinto sea un santo o un demonio para su pueblo», comentan desde los pasillos diplomáticos que aún conservan algo de decoro. Mientras tanto, Donald Trump se pavonea como el sheriff del mundo, emulando la avanzada rusa en Ucrania, pero con el visto bueno silencioso de los organismos que deberían saltar en primera fila.
Ahí es donde entra en juego la doble vara de Gianni Infantino, ese hombre que por un fajo de billetes verdes es capaz de venderle el alma al diablo y la localía a Marte. La hipocresía de la FIFA es tan grande que no entra en el Maracaná: suspendieron a Rusia en dos minutos, pero con Israel y su exterminio en Gaza miran para otro lado.
«La FIFA tiene estatutos que se aplican según la cara del cliente o el peso de la billetera», deslizan voces críticas que ven cómo los «Gringos» invaden países sin que nadie les saque una tarjeta amarilla.
¿Peligra el Mundial 2026 después de que el anfitrión secuestrara a un mandatario extranjero? ¡No, qué va a peligrar, si Infantino y su cofradía son las prostitutas más caras del deporte rey! Mientras el dinero fluya y el merchandising se venda, a la FIFA le importa un bledo si el presidente de una federación está encadenado en un sótano de Virginia.
El banquete de los hipócritas
A solo seis meses de que ruede la pelota en el Mundial 2026, el clima en la FIFA es de un silencio cómplice que aturde. Mientras Maduro espera destino en alguna celda yanqui, Infantino ya tiene el traje planchado para el partido inaugural, demostrando que para él la soberanía es un chiste si hay buenos patrocinadores detrás.
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Cómo quedó la tabla: Argentina cerró su clasificación meses atrás caminando, mirando desde la cima a una Sudamérica convulsionada que no sabe si va a jugar un torneo de fútbol o un desfile militar.
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Próximo partido: El conjunto nacional tiene agendados los amistosos de marzo, la última escala de preparación antes de desembarcar en la tierra del «Tío Sam», donde el fútbol será la excusa perfecta para tapar el secuestro de un presidente.
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