En un deporte donde lo más romántico suele ser un codazo en el bazo, el árbitro Pascal Kaiser decidió que 50.000 alemanes no eran suficiente tortura y le pidió matrimonio a su novio en el círculo central. El Wolfsburg miraba de reojo mientras el amor —y el marketing de la tolerancia— se consagraba en el césped de Colonia. Se terminó …
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