El primer plano de Matías Soulé no engañaba: era el rostro de un guionista esperando el momento exacto para introducir el giro de la trama. El Estadio Olímpico, sumido en un drama de suspense que rozaba el aburrimiento, vio cómo el metraje se le escapaba a la Roma frente a un Sassuolo que interpretaba el papel de antagonista rocoso a la perfección.
Durante 75 minutos, la película fue un ejercicio de cine de autor lento, tedioso, casi insoportable. Los ataques romanos carecían de efectos especiales y la banda sonora del público empezaba a silbar un réquiem por los puntos perdidos.
El clímax: 180 segundos de acción desenfrenada
Corte a la escena 76. Manu Koné rompe la cuarta pared. Tras una jugada de orfebrería coral, el francés definió con la precisión de un editor de sonido. 1-0. El Olímpico explotó, pero el director de fotografía quería más luz.
Solo tres minutos después, llegó el plot twist definitivo. Soulé, que ya había servido la asistencia en el primer acto, se adueñó del encuadre. Un remate seco, potente, directo al ángulo. 2-0. Fue el clímax perfecto para un héroe que ya no acepta papeles secundarios en esta Serie A.
Un desenlace con sabor a podio
Con este resultado, la Roma firma un final de película:
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Tercer puesto asegurado: 39 puntos para igualar la línea del Milan.
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Presión al líder: El Inter (42) ya siente el aliento romano en la nuca.
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El villano derrotado: El Sassuolo queda relegado al 12° lugar, fuera de cualquier premio de la Academia.
La Roma de esta temporada parece haber aprendido que no importa cuán flojo sea el primer acto, lo que cuenta es el impacto del desenlace. Sin embargo, con dos partidos más que el Milan en el contador, el guion de la liga aún tiene muchas páginas en blanco.








