¿Réferi o carnicero? Edílson llora tras vender el Brasileirão por dos mangos

Edílson Pereira de Carvalho, el autor intelectual del mayor fraude del fútbol brasileño, reaparece en las redes chorreando mocos y miseria, recordando cómo entregó la dignidad en un paquete de aeropuerto por el precio de un auto usado.


Vender el alma al diablo es un negocio milenario, pero vender el Brasileirão por 68 mil reales es, sencillamente, de una mediocridad que asusta. Edílson, el hombre que convirtió el silbato en una caja registradora, volvió a ser viral anoche porque parece que recién ahora, veinte años después, se dio cuenta de que ser un chorro tiene consecuencias.

«Mi castigo es perpetuo», balbucea el ex FIFA en el podcast de Cosme Rímoli, buscando una redención que ni el Papa le firmaría. El tipo cuenta, entre sollozo y sollozo, que retiraba paquetes de guita en los aeropuertos como si fuera una mula del narcotráfico, pero de cabotaje. Un delincuente con millas, pero sin honor.

La «Máfia do Apito» no fue una red de mentes brillantes; fue una juntada de timberos y árbitros con el bolsillo pinchado. Por 10 luquitas por partido, Edílson te inventaba un penal, te echaba al 2 o te cobraba un offside desde la mitad de la cancha. «Nunca dimensioné el impacto», dice ahora, con una cara de cemento que envidiaría cualquier político de turno.

Lo que no dimensionó, o le importó un bledo mientras contaba los billetes, es que le robó un campeonato al Inter de Porto Alegre. Gracias a sus «errores» por encargo, la CBF anuló 11 partidos. En el tómbola de las repeticiones, el Corinthians ligó puntos de arriba y salió campeón. Una estafa con moño que todavía hoy hace que en el sur de Brasil te miren con ganas de invitarte a un duelo criollo.

El drama personal de Edílson —que si la cárcel, que si la familia, que si el intento de suicidio— es el guion perfecto para la abuela que mira la novela de las tres, pero para el tipo que paga la entrada es apenas el vuelto de una traición. «Arruiné mi carrera y mi credibilidad», confiesa el ex juez. Mirá vos, qué lúcido el muchacho. Es como si el carnicero te pesara el dedo y después llorara porque nadie le compra asado.

Lo más maravilloso de esta farsa sudaca es que, técnicamente, la justicia brasileña dijo en 2009 que no era delito porque «no estaba tipificado». O sea, podés ser un corrupto de manual, pero si no hay una ley que diga «prohibido ser un garca con silbato», sos un señor libre. Por suerte, en 2010 se avivaron y ahora el chiste te sale entre 2 y 6 años de cana.

Hoy, Edílson es una pieza de museo del morbo, un recorte de Instagram para que los pibes vean cómo se destruye una vida por unos pesos mugrientos. El tipo pide perdón, pero el fútbol no olvida. El silbato está sucio, y no hay llanto que lo limpie.


EL CIERRE DEL ENTIERRO (DATOS FRÍOS)

  • Botín del fraude: 68.000 reales totales (Lo que vale un estéreo hoy en día).

  • Partidos anulados: 11 (Un récord Guinness a la deshonra deportiva).

  • Beneficiario del desastre: Corinthians (+4 puntos en la repetición, campeón por escritorio).

  • Víctima histórica: Internacional de Porto Alegre (Campeón moral, subcampeón real por 3 puntos).

  • Próximo capítulo: El documental de Globoplay, para que el papelón se vea en alta definición.