Protestas en Brasil y mentiras de los medios

En Brasil hubo abucheos contra la Presidente Dilma Rousseff y el el presidente de la FIFA Joseph Blatter. Millares de personas salieron a las calles para protestar, solo que no fue como el emporio O Globo nos vende al mundo; la verdad es otra.

Estuvimos en Brasil, parte de la banda tribunera viajó al país organizador de la Copa del Mundo 2014 hace algunos meses, para buscar información sobre cómo los hermanos norteños esperan el Mundial y cómo se están manejando.

Nos volvimos sorprendidos al ver que la mayoría de la gente era escéptica, y ahora, los habitantes comenzaron a levantarse. Las protestas no fueron como dicen los medios hegemónicos brasileños, quienes le tiran el fardo a un aumento de apenas 40 centavos en el transporte y a una supuesta política del gobierno que perjudica al pueblo.

Caminamos mucho, paramos gente en la calle, entramos a negocios y directamente preguntamos, tanto en San Pablo como en Curitiba. Todos nos respondían lo mismo: robo descarado y falta de control por parte de miembros del gobierno.

Quienes roban en Brasil no sólo son miembros de gobierno, sino que en su mayoría, son las grandes corporaciones y dirigentes de equipos involucrados en las obras. La red Globo para no perder audiencia, distorsiona, oculta y desvía la información, algo que genera la ira en la mayoría de quienes protestan.

Por ejemplo, al llegar a Curitiba nos encontramos que Mario Célso Petráglia, presidente del Atlético Paranaense, recibió una millonada de dólares para terminar la construcción de su estadio de cara al Mundial. El pope del «furacâo» (huracán) repartió el dinero, proveniente del estado, entre amigos y parientes para que se encarguen de terminar la obra.

El precio presupuestado de un estadio puede andar en los 300 millones de dólares pero finalmente termina costando 600 porque siempre «falta algo».

Preguntamos, por ejemplo, porqué Brasil no aprovechaba el Morumbí, que es un coloso y las refacciones para el Mundial podría costarle «chauchas y palitos» como decímos en Argentina, pero la gente consultada nos decía «¡Corrupción!».

En Curitiba, por ejemplo, estaba en estadio Pinheirâo, que era un estadio que se iba a convertir en el sucesor del Maracaná, además, se estimaba que en un futuro iba a ser mundialista; el escenario que fuera protagonista de un partido por Eliminatorias en 2003 entre Uruguay y Brasil, ahora está abandonado y piden la demolición del mismo.

La millonada que el gobierno brasileño lleva gastada, excede el presupuesto nacional de manera abrumadora. El dinero gastado en construcción de estadios, bien pudo invertirse en autopistas y trenes, por ejemplo, ya que buenos estadios sobran.

La gente no protesta por la política del gobierno, sino que lo hace por lo inoperante del mismo y la falta control y transparencia.

Brasil está en líos.

@lostribuneros

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