Vestir la primera camiseta del club de tus amores, defenderla con orgullo, hacer goles al clásico rival, ganar títulos con ella es ser un auténtico ídolo de club. Tal vez Claudio Scalise no les llega a las rodillas al “Negro” Palma y otras glorias de Rosario Central, pero esos requisitos para quedar en el corazón de la pasional gente rosarina los tuvo y expuso durante una brillante carrera. Hasta cuando pasó a Boca no se olvidó de sus “primos”. Y si bien el hincha se olvida rápido, esta sección le refresca que aún sin apellido hubo jugadores muy importantes. El nacido en 1962 era un entonces llamado “wing” que además llegaba al gol. Así empezó en 1982 bajo la protección del maestro Ángel Zof, en el Metro de ese año, en un 1-1 de local ante Boca.
Asentado en Primera, brilló en el ámbito local en 1983 justamente contra su eterno Newell’s Old Boys, a quien empezó a marcarle seguido como esos tres partidos: 2-0 en el Nacional, 2-1 y 3-3 en ambas fechas del Metropolitano. Al poquito tiempo, el “Negro” (realmente era de piel atezada) conoció su primera amargura cuando el club cayó a la entonces vieja Primera B en 1984. Pero como fiel canalla, se quedó en el plantel jugando 39 de los 42 encuentros y seis goles contribuyeron al contundente regreso de Central.
Para 1986 no cambió de colores, sí de diseño. Es que como los de Arroyito tenían libre un semestre por la reestructuración de los torneos y el calendario, cedió a varios a otros equipos. Scalise fue nada menos que a Boca, con quien disputó las Copas de verano, el certamen doméstico y su momento de fama: la Liguilla Prelibertadores, a la que un xeneize deshilachado arribó a la final contra justamente Newell’s Old Boys. El 8 de junio el rojinegro se impuso 2-0 en la Bombonera y se daba por hecha su entrada copera.
Ni el más optimista boquense, en ese tiempo de vacas flacas de los de la Ribera, soñó con todo lo que sucedió en el Parque Independencia el 15. Porque Newell’s abrió el marcador y estiró el global por Arnaldo “Cacho” Sialle a los 34 minutos, y si bien Alfredo Graciani igualó de penal a los 43, luego la expulsión de Hrabina y la calma “leprosa” aflojaban la tensión. Hasta que a los 71 Graciani clavó hermoso tiro libre en el ángulo de Scoponi y los de Mario Zanabria se pusieron a tiro. Más tarjetas rojas perdieron el tiempo (tres por lado) y, sin embargo, Boca le dio vuelta épica con doblete del genial Gustavo “Tuta” Torres, que de gran personal puso el 3-1 a los 80, con lo que se precisaba un tercer partido. Pero la escena final la produjo Hugo Gatti, que en el octavo minuto agregado cortó como zaguero y habilitó a Torres, y éste definió para un enorme 4-1 y el pase a la Copa. ¿Qué hacía a todo esto Scalise? Había disputado los 90 y pico, y apenas terminó no sólo dio la vuelta a la cancha de Newell’s, sino que reafirmó su origen de Central, se sacó la camiseta de Boca y festejó con la azul y amarilla a bastones delante del dolor rojinegro.
Concluido el glorioso préstamo, el puntero izquierdo volvió a Rosario para afrontar el torneo de Primera. Si bien no tuvo tanto protagonismo, fue parte del plantel que esa tarde del 2 de mayo de 1987 empató 1-1 con Temperley y ganó su primer título justamente, una vez más, sobre Newell’s y por un punto. Por supuesto no se olvidó de hacerle un gol para ganar el clásico, y todo ello le valió la entrada a la Libertadores de ese año, donde cumplió a pesar de irse en primer turno (sólo pasaba uno por zona).
Allí sí se terminaron los tiempos de gloria, bastante suficientes para el rosarino. Que continuó tres años más en el fútbol, en 1990 /91 en el Minerven venezolano, luego su retorno a Argentina para Colón y Douglas Haig y finalmente, en 1994 se retiró en Estudiantes de San Luis. No le hacía falta mucho éxito más. Claudio Scalise había cumplido con creces. Y no sólo con su Rosario Central.
La vuelta olímpica de Scalise tras el 4-1 de Boca:
Diego Martín Yamus.