Los años 80 fueron inolvidables en muchos rubros, entre ellos el fútbol, que por esos tiempos daba gusto real ver. Más si cada club, por modesto que fuera, contaba con talentosos en su once. Era casi regla que todos tuvieran el típico “10”. Y uno de ellos fue Carlos Alberto Carrió, el “Charly” que paseó su juego excelso por varios clubes de la Primera argentina y el viejo ascenso, pero que vivió su tiempo de esplendor en Gimnasia y Esgrima La Plata, con quien logró subir a Primera y convirtió tantos de todos los formatos.
Pero Carrió, integrante de aquel mediocampo con Pighín y Kuzembka del “lobo” ganador del Octogonal, sin embargo ya venía con una rica carrera. Nacido en 1955, se formó y comenzó en el popular Atlanta, donde debutó por huelga de profesionales en el viejo Campeonato Nacional de la AFA en 1974, el 28 de julio ante Chaco For Ever, triunfo “bohemio” 3 a 1, y su primer gol fue semanas después, el 20 de octubre nada menos que al archirrival Chacarita, también éxito 2 a 1. Jugó seis temporadas en los de Villa Crespo (Ciudad de Buenos Aires) hasta que descendió a la antigua Primera B en 1980; fue prestado a Independiente Rivadavia (Mendoza) un tiempo, para regresar al auriazul y concluir con la B de 1980 su trayectoria allí.
En 1981 fue tomado por el recordado Loma Negra de Olavarría, el club de la cementera del mismo nombre al que la empresaria Amalia Fortabat aportaba para armar un equipo de estrellas, que incluso batió a la selección de la Unión Soviética en un partido amistoso. Carrió no fue figura ni mucho menos como Orte, Mazo o Husillos, y así pasó a Gimnasia. Y esas seis temporadas en el “tripero” fueron las que le dieron nombre y apellido. Pero de esa estadía entre 1982 y 1988, el “Charly” marcó con glorioso fuego su carrera maltratando a goles a Racing Club, la “Academia” por entonces en la B. Carrió le marcó cuatro veces ese 1984, pero su tarde consagratoria fue la del 30 de diciembre, en la final revancha del octogonal por el segundo ascenso. Con los de Carmelo Faraone habiendo ganado 3-1 en Avellaneda, el diez fue una pesadilla para un golpeado, frágil fondo racinguista. Además sus compañeros alargaron la ventaja en la llave con dos goles rápidos de Flores y Pedrazzi. Pero fue el talentoso el que a los 41 minutos terminó de definir la doble final con un exquisito tiro libre, vía por la que marcara mucho en su carrera. Y concluyó su rato de fama con otra espectacular definición a los 22 del segundo tiempo, al parar de pecho un centro de Andrada y rematar suave para sellar el lapidario 4 a 2, el ascenso, el festejo y un cierre dorado de campaña.
Todo el resto de la carrera de Carrió fue agregado. Por supuesto titular fijo en el Gimnasia de Primera, se quedó hasta 1988, cuando Argentinos Juniors lo disfrutó un tiempo. Sin embargo, el roche fue con otro título de segunda, ya que con su calidad llevó a Huracán de vuelta a la élite en 1990. Un año más tarde, en 1991, hizo lo mismo con la camiseta de Belgrano de Córdoba, donde colgó esos mágicos botines en 1992.
No deberían ser estos gigantescos talentos apellidos olvidados. Tal vez si nombramos a Carrió en la Argentina, más de uno asocia el apellido con la famosa política Elisa. Pero hablando de hombres, Carlos Carrió dictó leyes del gran fútbol esos dorados 80.
Diego Martín Yamus.
Tribunero.com Portal futbolero








