Desde que a fines de 1983 la AFA decidió instaurar los promedios de descenso, el raro sistema trajo polémicas de a quién favorecía o no, de si realmente era para que grandes como Racing o San Lorenzo de Almagro no bajaran a la entonces Primera B (segunda categoría). La entidad defendía el mecanismo porque al dividir los puntos por los partidos de las últimas tres temporadas, se evitaba el arreglo, y sin embargo esto sucedió. O injusticias como la que le tocó a Argentino de Rosario, uno de los populares de ascenso de la ciudad junto a Central Córdoba.
El ”salaíto”, como se lo conoce, había llegado a la división en 1984 y batido al poderoso Racing tres veces en dos años. Pero de a poco fue decayendo y para la 88/89, arrancó con el último puesto en la ilógica tabla, debajo de Deportivo Merlo y Defensores de Belgrano. De modo que debía sumar enorme cantidad de unidades, casi para salir campeón y subir de la ahora Primera B Metropolitana a la Primera Nacional.
Dirigido por la dupla José Machetti-Oscar Craiyacich, el equipo realizó esa campaña necesaria pero chocó con un imparable Villa Dálmine, que le sacó gran distancia y terminó ascendiendo. La última chance era vencer a Deportivo Laferrere en la jornada de cierre y esperar derrota de “Defe” (local de All Boys). Los de Rosario ganaron 1 a 0 por su goleador Rubén Plaino, pero de nada les sirvió a pesar de quedar escoltas, ya que los del Bajo Belgrano superaron al “albo” 1-0 por el brasileño Ronaldo Da Silva y por un punto condenaron a Argentino y al ya eliminado Defensores Unidos.
Tamaña situación se sintió en el conjunto del interior. Los dirigentes reclamaron a la AFA disputar un cuadrangular con los de Zárate y el tercero y cuarto de la Primera C, pero la idea no prosperó, especialmente por el voto en contra de Nueva Chicago, por lo que el club rosarino cortó relación con los de Mataderos.
Pero apareció la justicia para recompensar tanto esfuerzo: con un plantel similar, Argentino logró el octogonal por el segundo ascenso en la siguiente temporada (89/90) y regresó a la popular B Metro. El fútbol curó lo que un arbitrario reglamento armado por conveniencia había herido. Como tantas veces pasó con la AFA.
Diego Martín Yamus.
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