Gianni Infantino presidente de la FIFA casi por casualidad

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Foto: REUTERS/Denis Balibouse

Un año atrás ni lo hubiera imaginado. El suizo de 45 años, políglota y fanático del fútbol desde niño llegó al máximo cargo del ente regulador del fútbol impulsado por Michel Pltini, sin querer. Intentará limpiar el nombre de una institución plagada por corrupción. Impulsará el desarrollo del fútbol en países ignotos.

Gianni Infantino acaricia los 46 años y, sin dudas, se encontró con una de las mayores alegrías de su vida, ya que el viernes 26 de febrero de este 2016, fue elegido como presidente de la FIFA, de manera impensada.

Es suizo, nació en el cantón Wallis, es hijo de inmigrantes italianos; su padre era ferroviario y su madre, que aún vive, tenía un puesto de diarios y revistas, local que cambió radicalmente la vida de su hijo y hasta le marcó el camino hasta el sillón presidencial de la FIFA.

Fanático del Inter de Milán por influencia de su padre, hombre fervoroso, amante del fútbol desde sus épocas de niño, de cuando ayudaba a su madre en el puesto y se leía cuando suplemento deportivo y revistas especializadas en deportes existía. Reunía a los pibes del barrio para armar partidos, organizaba campeonatos barriales y hasta equipos. Así comenzó la vida de Infantino.

Abogado, pésimo estudiante, pero con una mente, habilidad y unos bríos que le permitieron concretar el sueño de más de un futbolero de alma. Llegó a la FIFA en el año 2000, mediante la UEFA, y cinco meses atrás no tenía ni pensado ser candidato hasta que la varita mágica lo tocó al caer su mentor Michel Platini, hombre involucrado al escándalo llamado FIFAGate.

La jugada de Infantino para superar al candidato, el Jeque Selman, fue sencilla; tomó la fórmula de su antecesor Joseph Blatter y la llevó a la práctica en diversas federaciones.

Repartir dinero. Ayudar a desarrollar a federaciones remotas y desconocidas. Inyectar mucho pero mucho dinero para el crecimiento del fútbol al rededor del mundo. Fórmula sencilla, que puede sonar a demagoga, pero eficaz.

«Hace cinco meses ni se me pasaba por la cabeza», ser candidato, reconoció Gianni al ser elegido. Se dirigió a los directivos de la FIFA en media docena de idiomas: Italiano, alemán, francés, árabe, español y portugués.

Hace muy poco tiempo estuvo en Paraguay, donde se ubica la sede de la Conmebol y dialogó con los directivos del fútbol sudamericano. Recibió el apoyo unánime ya que prometió dar una inyección de dinero y de apoyo para las mejores de un alicaído fútbol, víctima de la corrupción e incompetencia de directivos.

Con mucha sinceridad reconoció ser un pésimo jugador de fútbol, todo lo contrario a su antecesor Sepp Blatter, quien aseguraba que era un gran centrodelantero de las ligas regionales suizas.

La FIFA viene haciendo un muy buen trabajo, especialmente, en el sureste asiático, Oceanía y extremo oriente, organizando ligas, impulsando el fútbol y hasta dando pie a federaciones para que compitan a nivel internacional.

Bután, Timor Oriental, Mongolia, Camboya, Afganistán y Bangladesh, por mencionar algunas federaciones, jamás hubieran imaginado poder estar en el orden internacional. Sin embargo, las ideas de Blatter fueron empañadas por hediondos hechos de corrupción. Infantino deberá seguir su trabajo. Si todo sale bien, no será de extrañarse de ver, como sucedió en el Mundial Sub 20 pasado, ver a una Birmania o, por qué no, una Sri Lanka jugando un mundial de mayores.

@lostribuneros

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