Boca ganó porque tiene nombres, no porque tenga un plan. Lo de ayer en La Bombonera fue un duelo de impotencias donde el «Ogro» Fabbiani casi se lleva un premio por el solo hecho de saber amontonar gente en el área propia.
Claudio Úbeda debutó con el manual de la «insistencia» bajo el brazo, que en el idioma de la tribuna significa: «Tirale centros a los grandotes y rezá para que alguno no esté durmiendo».
Boca tuvo un 61% de posesión, pero fue una tenencia tan inofensiva que los alcanzapelotas se estaban quedando secos; el equipo fue un desierto de creatividad hasta que Paredes se cansó de ver cómo chocaban contra el muro.
«Me posicioné bien», dijo Di Lollo, que de tanto ir al área por fin encontró una pelota que no tenía dueño, castigando a un Riestra que defendió 77 minutos como si estuvieran cuidando el último cajón de cerveza en un asado.
Fabbiani, por su parte, debe haber bajado un pack de Speed en el entretiempo para aguantar los nervios, porque su equipo se dedicó a coleccionar tarjetas amarillas (¡cinco!) como si fueran figuritas del Mundial.
El «Ogro» se quejó de que merecían más, pero con un solo tiro al arco en 90 minutos, lo único que merecían era un aplauso por el aguante y un curso intensivo de cómo cruzar la mitad de la cancha sin pedir permiso.
Al final, Boca se salvó porque Marchesín se acordó de que es arquero en el minuto 95, evitando que Bracamonte transformara el debut de Úbeda en un incendio nacional antes de que termine enero.
El Escaneado Táctico – Los Números No Mienten
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Efectividad Xeneize: 12 tiros totales para que solo 3 fueran al arco. Una puntería de escopeta de feria que preocupa a cualquiera que no sea ciego.
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El Factor Paredes: 8 corners a favor. En el octavo, por cansancio o por lástima de la defensa de Riestra, entró la pelota.
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Riestra «The Wall»: 16 faltas cometidas. Jugaron al borde del reglamento, pegando más que un padrastro borracho para compensar la falta de fútbol.
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