El perdón de Vila Belmiro pasa por los pies de ‘Gabi’

Vila Belmiro ya no aguanta más experimentos. Tras un 2025 que dejó cicatrices profundas en el orgullo del Peixe, el debut en el Paulista 2026 se sentía menos como una fiesta y más como un examen final sin derecho a fallo.

Pero el guion empezó con los fantasmas de siempre.

Diego Galo silenció el templo a los 26 minutos. El 0-1 de Novorizontino no era solo un gol; era la confirmación de que la jerarquía no se recupera solo con el escudo. Santos era un equipo nervioso, atado y sin la magia de un Neymar que miraba desde la grada por lesión.


El factor Vojvoda y el retorno del ‘Rey’

Juan Pablo Vojvoda, el hombre que llegó en agosto para apagar el incendio, entendió que este año la reconstrucción no sería táctica, sino emocional. Y para eso necesitaba a un especialista en redenciones: Gabriel Barbosa.

Gabigol no volvió a Santos para pasear. Cedido desde Cruzeiro, el «9» asumió el rol de líder que el equipo gritaba. A los 52 minutos, cazó un balón en el área para poner el empate y cambiar la energía de un estadio que ya empezaba a silbar.

El técnico argentino movió el árbol. Con Benjamín Rollheiser (ex River) conectando líneas, el Santos dejó de ser un equipo plano. La remontada se masticó lento, con el ritmo de quien sabe que no le sobra nada.

La sentencia en el suspiro

Cuando el empate parecía el destino inevitable y el debut de Vojvoda en 2026 se teñía de gris, apareció Thaciano. Minuto 89. Un remate que vale más que tres puntos: vale aire puro para un proyecto que camina sobre cristales.

Las claves del nuevo Santos:

  • Identidad: Vojvoda apuesta por el bloque, no por las individualidades.

  • Jerarquía: Gabigol jugó los 90 minutos y demostró que la presión le alimenta.

  • Futuro: Sin Neymar, Rollheiser y Díaz se perfilan como los socios ideales del gol.

Santos duerme líder, pero sobre todo, duerme tranquilo. La era Vojvoda tiene, por fin, una base sólida sobre la que construir el regreso a la élite.