¡Echaron al presidente del Sao Paulo! Metió la mano en la lata y «pum»

Parece que en el Morumbí se confundieron el césped con la caja fuerte. Júlio Casares, el ahora ex-presidente del São Paulo, fue eyectado de su sillón después de que el Consejo Deliberativo se cansara de ver cómo la plata del club volaba más rápido que un pelotazo de contragope. Entre saques de efectivo que parecen sacados de una película de gángsters y depósitos hormiga para no levantar la perdiz, a Casares se le terminó la fiesta. ¿La excusa? Que era para «pagar árbitros y premios». Mirá vos, se ve que en Brasil todavía se manejan con el billete arriba del otro, como si estuviéramos en 1930 o en una timba clandestina de Parque Patricios.

Lo más tierno de toda esta historia es la ingeniería financiera de «Don Julio». El COAF le saltó a la yugular porque el tipo recibía depósitos en efectivo, a veces 12 en un solo día, siempre por debajo de los 50 mil reales para que el sistema no chille. Un genio, un estratega del home banking. Mientras tanto, el club sacaba 11 palos verdes mediante empresas de transporte de caudales porque, claro, mover esa montaña de guita en una mochila era muy jugado. Casares dice que no hay conexión entre los saques del club y sus depósitos personales; debe ser una coincidencia cósmica, de esas que solo le pasan a los dirigentes de fútbol y a los que ganan el Quini seis veces seguidas.

Pero esperá, que hay más, porque el choreo es familiar o no es. Resulta que la ex-esposa, que casualmente era Directora de Eventos, y otros secuaces, tenían un «kiosquito» paralelo con los camarotes. En los shows de Shakira, las entradas volaban por izquierda. O sea, el club ponía el estadio, la luz y el pasto, y ellos se llevaban la recaudación de los palcos para la bebida. Todo muy nacional y popular. Mientras el club se hundía en crisis, había directores abriendo 15 franquicias personales. Se ve que la malaria era solo para los socios que pagan la cuota, porque para la dirigencia el Morumbí era Disney con barra libre.

Al final, con 188 votos a favor, el Consejo le dio el sobre azul y lo mandó a ver los partidos por tele (si es que no le embargan el control remoto). Ahora asumió un tal Harry Massis Jr., que tiene la cara de alguien que heredó una granada sin la anilla, mientras esperan que los socios ratifiquen el impeachment en 30 días. La oposición, que se desayunó con los informes de UOL y Fantástico, aprovechó el centro y cabeceó al gol. Por ahora, Casares está «afastado», que es la forma elegante de decir que tiene prohibido pisar hasta el buffet del club.


Y bueno, otra vez se confirma la regla de oro del fútbol sudamericano: el que no corre, vuela, y el que es presidente, camina directo hacia la caja de seguridad. Salud, Júlio, ojalá que los «premios a los jugadores» te alcancen para pagar un abogado que no sea tan creativo como tus depósitos bancarios.