Cuando los rivales son rivales, no enemigos

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Foto: Tenfield

Uno de los grandes ejemplos de sana rivalidad lo dan los uruguayos. Cuando llevás años de rivalidad, años de alegrías y tristezas, años de burlarte y de soportar las cargadas, hasta que en un momento pinta algo mejor para ambos, sea las circunstancia que sea terminás uniendo fuerzas.

El viejo Misiones fue fundado en 1906 y nueve años más tarde nació su acérrimo rival de la zona: Miramar. De ahí el sureste montevideano tuvo mucho que hablar hasta que un 25 de junio de 1980 ambos deciden fusionarse y así encarar el fútbol profesional.

Los «Monitos» como se le conoce a Miramar, también los «Cebritas», fueron habitués en la primera división a lo largo de la creación del profesionalismo en 1932, sin embargo Misiones sabía militar en la élite en el amateurismo pero al pasar al sistema lucrativo fueron desdeñados hasta que, por fin, entraron en el sistema no logrando jamás el soñado ascenso a Primera A.

El Miramar tiene nombre de animales porque pertenece a la zona del zoológico de Montevideo, ubicado en el coqueto barrio Villa Dolores, mientras que Misiones nació en uno de los lugares más bonitos de la capital uruguaya, el barrio de Buceo.

Miramar Misiones tiene como uniforme «A» la camiseta de los primeros, usan la «Cebrita» que es camiseta blanca y negra con rayas finitas verticales al mejor estilo de Los Andes (El Milrayitas), mientras que el uniforme «B» es a bastones verticales gruesos negros y rojos similares al AC Milan o Athletico Paranaense para citar a un club más próximo.

El estadio de los «Monitos» se llama «Parque Méndez Piana», ubicado frente al Estadio Centenario. Tiene la rareza de estar apenas separado por un muro del estadio de Central Español (otro fusionado) llamado «Parque Palermo».

Una de las perlitas de este equipo es que durante la fundación y durante largos años la hinchada se llamaba «Los Guapos de La Mondiola», en alusión al barrio montevideano «La Mondiola».

@lostribuneros

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