Cruyff revolucionó al fútbol moderno

La elegancia, el carácter y el estilo del holandés modificó radicalmente al balompié. Brillante  como jugador y como técnico.  Jugador completo que cambió el concepto del fútbol, mentor del futbolista polifuncional en el campo.

Télam. La ‘Naranja Mecánica’ de 1974 fue un equipo que desmitificó esa frase que Carlos Bilardo enarboló tiempo después: “De los segundos no se acuerda nadie”.

Cruyff es considerado, tal vez, el mejor futbolista europeo de todos los tiempos. Sabio dentro y fuera de la cancha para erigirse en el precursor del “futbolista de dos áreas”, tal como se lo conoce hoy en día a los jugadores que intervienen y asumen preponderancia en ambos extremos de la cancha.

En Ajax, con apenas 17 años, Johan dio los primeros pasos de una trayectoria repleta de gloria. Con la modesta institución de Amsterdam, el centrocampista-delantero-defensor (porque Cruyff lo fue todo, a su justa medida) ganó seis Ligas, cuatro Copas, tres Copas de Europa, una Copa Intercontinental (derrotó a Independiente en la final de 1972) y una Supercopa Europea.

A mediados de 1973, ese ‘Flaco’ desgarbado y de pelo largo que ya empezaba a inmortalizar la camiseta con el número 14 en la
espalda dio un paso fundamental en su carrera: se unió al Barcelona, institución a la que cambió por completo.

La estirpe culé, la de esa escuela distinguida como ‘barcelonismo’, establece que el arribo de Cruyff “hizo del Barca, otro Barca”. Para muchos, el holandés transformó a la entidad blaugrana como “la mejor del mundo”.

En su ciclo de jugador, la máxima proeza de ese Barcelona campeón de Liga en la 1973-1974 se dio con un 5-0 pletórico en el Santiago Bernabeu ante un Real Madrid que terminó rendido a los pies de un fútbol excelso.

Por esos días también, Cruyff fue el engranaje más distinguido de esa pieza de colección en la que se erigió el seleccionado de Holanda, subcampeón del mundo en Alemania 1974.

Ese equipo de ‘Fútbol total’ que condujo Rinus Michels lo tuvo al número 14 como abanderado principal, con esa premisa de convertirse en jugador decisivo en los distintos sectores del campo.

Basta con revisar los videos y observar cómo Johan arrancó de líbero la maniobra que desembocó en la infracción penal de Berti Vogts cuando no se llevaban cumplidos ni dos minutos de la final con el seleccionado alemán en Munich.

Si ya era bueno lo que había hecho con Barcelona como futbolista, Cruyff sentó como DT las bases para que el Camp Nou disfrutara de sus equipos como si fuese al teatro, para aplaudir de pie a los protagonistas.

Cuando asumió el cargo como entrenador, en 1988 y llamado por el cuestionado presidente de ese entonces, José Luis Núñez, el fútbol español se empecinaba en mostrar tácticas que incluían a líberos, carrileros y atacantes que se movieran por el frente de ataque.

“Jugar al fútbol es sencillo, pero jugar un fútbol sencillo es la cosa más difícil que hay”, resultó una de las frases de cabecera que enarboló este fumador empedernido, que consiguió la Recopa de Europa en su primera temporada y la Copa del Rey en la segunda.

El espaldarazo a un estilo vertical (4-3-3), con extremos ‘pistoneando’ por las bandas, se lo otorgó la obtención del título de la Copa de Europa 1991-1992, en el mítico estadio de Wembley, con Sampdoria italiana como rival. Un tiro libre ejecutado por su compatriota Ronald Koeman, en tiempo añadido, diseñó el primer eslabón de una cadena de éxitos.

La conquista de cuatro ligas locales consecutivas (1990-91; 1991-92; 1992-93 y 1993-94) marcaron el pulso de un Barcelona dominante por esos años hasta su salida en la de 1995-96, tras una fuerte discusión que mantuvo con el entonces vicepresidente Joan Gamper. Sus continuadores en la banca, como Frank Rijkaard, el laureado Pep Guardiola o el actual Luis Enrique no hicieron otra cosa que no traicionar esas ideas futbolísticas y profundizar la tan mentada revolución.

Télam

@lostribuneros