Llegó calladito, se puso el traje de interino y terminó dándole un baile de estrategia a Guardiola que todavía lo tiene pensando. Con un planteo de «cuchillo entre los dientes» y el corazón en la mano, Michael Carrick demostró que para ganar un clásico no hace falta tener la pelota, sino saber qué hacer cuando no la tenés.
Miren qué cosa increíble: Michael Carrick agarró un equipo que estaba medio «sin alma» y en un ratito lo transformó en una fiera. Los medios ingleses están que no lo pueden creer, dicen que fue un debut «perfecto». ¿Y saben por qué? Porque no se volvió loco queriendo copiar a nadie. Armó un dibujo de 4-2-3-1 que, cuando el City venía al ataque, se convertía en un 4-4-2 bien apretadito. Fue como poner doble candado a la puerta de casa: el City daba vueltas con la pelota (un 68% de posesión, ¡una barbaridad!), pero no encontraba por dónde entrar. Carrick los mandó a jugar por las orillas, lejos del arco, y ahí los terminó encerrando.
La gran jugada maestra de Michael fue el «corralito» que le armó a Rodri, el que maneja todo en el City. Lo puso a Bruno Fernandes a molestarlo todo el tiempo y dejó a la dupla Mainoo-Casemiro como dos perros de presa en el medio. Gary Neville, que de esto sabe un montón, quedó mudo: dijo que es la mejor actuación del United en años. Y no es para menos, porque Carrick logró que el equipo tuviera una disciplina de hierro, cediendo la pelota pero siendo peligrosísimos cada vez que robaban. ¡Si hasta metieron tres goles que les anularon por un pelito!
Pero lo más lindo no fue solo la táctica de pizarrón, sino cómo les llegó al corazón a los jugadores. El «Licha» Martínez contó que Carrick los motivó a usar la energía de la gente de Old Trafford. El técnico no se la creyó: dijo que los muchachos fueron «receptivos y con ganas de aprender». Metió mano en el equipo en el momento justo, como cuando puso a Cunha a los 71 minutos y el pibe terminó dando el pase para sellar el 2 a 0. Fue un planteo sencillo, de esos que entienden hasta los nietos en el patio, pero que le ganó a la complejidad de Guardiola.
Al final de la jornada, Carrick entró al vestuario como quien vuelve de una guerra ganada. Humilde, dijo que esto tiene que ser solo el punto de partida y que vio «una energía diferente en los ojos de los jugadores». Con esta victoria, metió al United en los puestos de arriba (el Top 4) y nos dejó a todos con la boca abierta. No sabemos cuánto va a durar en el puesto, pero lo que hizo ayer fue una caricia al alma para el hincha: devolvió la mística, el orden y, sobre todo, la alegría de ganar un clásico con autoridad.
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