Hemos conocido con el fútbol entrenadores que han navegado el planeta. Que han dirigido clubes y selecciones de los rincones más modestos. “Bora” Milutinovic en Nigeria, Carlos Parreira en Kuwait, Gabriel Calderón en Arabia Saudita, ni que hablar de Héctor Cúper en la RD del Congo. El argentino Carlos Alberto Cavagnaro seguramente no tiene tanto apellido, fama ni dólares como esos monstruos, pero también gracias a su trabajo integra ese selecto grupo de trotamundos. Mundos que empezaron en La Paternal y llegaron tan lejos como las turísticas islas Maldivas, al sur de Asia.
Es que el nativo de Necochea, en la costa atlántica bonaerense, el 9 de abril de 1946, es reconocido tanto en esos destinos como en nuestro ascenso. Comenzó a jugar en las inferiores de Vélez Sarsfield, pero una dura lesión no sólo le cortó su carrera sino que le abrió un nuevo camino: dirigir. En el club de Liniers fue asistente de Victorio Spinetto, luego de Antonio Faldutti en Platense y en Argentinos Juniors de Roberto Resquín y Ricardo Trigili, que renunció y sugirió a los dirigentes a Cavagnaro. Así fue como el joven de apenas 22 años se convirtió en el técnico de menos edad de Argentina. Fue el 23 de febrero de 1969 por el Campeonato Metropolitano y con derrota 1-2 ante River Plate. En ese primer viaje hizo debutar a un juvenil José Pekerman y trajo de Boca al futuro campeón mundial en 1978, Omar Larrosa. Tras breve paso por el “bicho” de La Paternal regresó a Vélez, al que llevó al sexto puesto en el Campeonato Nacional de 1970. Al año siguiente participó en congreso de técnicos en México y el rector de la Universidad Nacional, UNAM, los célebres “Pumas”, lo llamó para supervisar la actividad en todos los niveles. Entonces se hizo un nombre en Centroamérica y en 1976 fue responsable de la selección de Guatemala.
Luego de un tiempo retornó y comandó varios grandes y no tanto nacionales: En medio de semejante ida, dirigió a Ferro (puso en Primera a “Cacho” Saccardi) y el Círculo Italiano de Villa Regina, provincia de Río Negro. Llegó 1982 y el prometedor DT fue convocado por segunda vez para Guatemala, a quien le dio el bronce en los Juegos Panamericanos de 1983 en Caracas. Allí comenzó su corta pero interesante etapa de equipos exóticos: por unos años anduvo de paseo por América Central y el Caribe. En 1984 tomó a Panamá, en 1986 a la pequeñísima Granada y en 1987 a San Cristóbal y Nieves, aún no afiliado a la FIFA. Era reconocido además por tener un espacio radial de un minuto que se emitía a las siete de cada mañana.
Tras volver al país para trabajar en el ascenso con Chacarita, salió de vuelta a los destinos raros entrenando a Broncos UNAH de Honduras y, sobre todo, en 1989 a la desconocida Filipinas, tan desconocida que estando alojado en un hotel vio y sufrió cómo un tifón (similar a un tornado) pasó justo al lado y arrancó árboles y viviendas. Mejor lo nacional y su ascenso, así que en 1990 tomó a Defensores de Belgrano y tiempo más tarde a El Porvenir. Allí inició un largo período inactivo hasta que fue El Salvador quien en 2005 confió en él, aunque sin suceso. Y su loca pero muy seria carrera la concluyó en 2007 en el VB Sports de las Maldivas; justo ese año, el 9 de julio, día de la independencia en Argentina, se produjo una fuerte nevada en la misma Buenos Aires y Cavagnaro se enteró desde la capital Malé por Internet…
De esa forma transcurrieron los años y los kilómetros para este formador que fundó un colegio con su apellido en Necochea, que a los 13 años decidió dejar su ciudad para ser maestro mayor de obras en Buenos Aires y que en su caminar se encontró con personalidades como Juan Manuel Fangio, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Helenio Herrera y hasta sostuvo una charla en Italia con el ex presidente Juan Domingo Perón. A punto de cumplir los 80, administra cursos deportivos para la Organización de Estados Americanos (OEA), cuenta con la doble nacionalidad argentina e italiana y habla con buen dominio cinco idiomas. Aunque no fue originario de La Paternal, Carlos Cavagnaro viajó del “semillero del mundo” al infinito con el fútbol.
Diego Martín Yamus.
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