Brasil está conmovido con la trágica muerte del entrenador de juveniles Ronan Tyezer

Tenía solo 44 años y era el alma del equipo juvenil del Águia de Marabá. Después de pelearla una semana en el hospital, su corazón dijo basta, pero su último gesto fue de puro amor: su familia decidió donar sus órganos para seguir salvando vidas.


El fútbol de los chicos, ese que se juega con más ilusión que plata, hoy está de luto. El pasado jueves 22 de enero, nos dejó Ronan Tyezer Rodrigues, un hombre que no solo era director técnico, sino un verdadero formador de pibes. Ronan no pudo recuperarse de las heridas que sufrió hace una semana, cuando el micro que traía a todo el equipo de vuelta a casa chocó en la ruta.

Un sueño que terminó en tristeza

Todo ocurrió el pasado 15 de enero. Los chicos del Águia de Marabá volvían felices: habían hecho historia en la famosa «Copinha», llegando más lejos que nunca en el torneo. Pero la fatalidad se cruzó en el camino en una ruta de Tocantins, cuando el ómnibus chocó contra un camión.

En ese mismo momento, el fútbol ya había perdido al preparador físico, Hecton Alves, un muchacho de apenas 33 años. Ronan, el jefe de grupo, el que cuidaba a los chicos como si fueran sus hijos, fue llevado de urgencia al hospital. Peleó como un guerrero durante siete días en terapia intensiva, pero lamentablemente los médicos confirmaron que ya no había nada más que hacer.

Un último acto de generosidad

A pesar del dolor inmenso, su familia —con una entereza que emociona— decidió que Ronan siguiera ayudando a los demás, tal como lo hacía en la cancha: autorizaron la donación de sus órganos. En medio de la oscuridad de la muerte, ese gesto de amor le dará una oportunidad a otras personas que están esperando un milagro.

El adiós a un guía de jóvenes

Ronan no era un técnico cualquiera. Bajo su mando, los pibes del Águia lograron una campaña histórica que el club no olvidará jamás. Era un hombre dedicado, de esos que creen que el deporte es el mejor camino para que un chico crezca bien.

Hoy, la ciudad de Marabá lo llora. Los clubes de todo Brasil mandan sus condolencias, pero el vacío más grande queda en las canchas de barro y en esos vestuarios donde Ronan daba sus charlas, siempre con una palabra de aliento para sus jugadores.

Que descanse en paz, «profe». Su equipo, sus chicos y su gente lo van a llevar siempre en la memoria, cada vez que ruede una pelota.