Imbéciles malaleche se burlan sin haber pisado una cancha

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La verdad es que hartan. Enferman los que hablan sin jamás haber probado o haber ido a un partido de fútbol femenino. «No me gustan las almejas, las detesto. Nunca las probé pero las detesto», ha dicho más de un imbécil, y perdón por la expresión nada académica, pero la indignación supera a la razón.

Hay una cuenta en la red del odio (Twitter) que aparece burlándose del fútbol femenino por el error de una arquera. Da bronca. Indignación. Hace hervir la sangre que idiotas malaleche (otra manera no encuentro de calificar) publiquen o compartan videos burlándose de errores de las futbolistas del torneo femenino sin, siquiera, haber pisado nunca un campo de juego y menos un entrenamiento.

Yo hombre, me siento totalmente herido por tener congéneres tan imbéciles y obtusos. No me siento superior ni superado, ni mucho menos, pero sí me siento informado porque suelo vivir el día a día de los diversos clubes de que militan en el ámbito de AFA.

Las arqueras que llegan tarde a una pelota y se comen un gol tonto. La arquera que se tragó un gol porque la pelota se le enredó o se le filtró por los caños, son temas de befa (burla ofensiva) para los mediocres.

Si supieran o al menos se tomaran el tiempo para preguntarse «¿por qué»; los errores infantiles tienen una o varias respuestas, una de ellas es categórica: NO TUVIERON FORMACIÓN.

La mayoría de las futbolistas que militan en las primera divisiones y que son mayores de 18 años (el 90 por ciento) provienen de otras disciplinas como básquet, vóley, está el caso de la arquera de Fénix, Eliana Pérez, que fue arquera de Handball, o la arquera de Villas Unidas, Rocío Vicente, que era lateral izquierda y por haber tenido pasado en el mundo del básquetbol terminó como dueña de los tres palos de las villanas al quedar esa posición desierta. Eso es un mero ejemplo.

Rocío Vicente de Villas Unidas

Al no haber divisiones menores, las famosas formativas, las chicas muchas veces son incorporadas porque pasaron, preguntaron, se les tomó una prueba de actitud y quedaron.

Juegan muchas chicas de 14 años en primera, que han salido de equipos de futsal. Está el ejemplo de ‘Milagritos’ Jiménez, jugadora de campo que terminó a los 15 años debutando en el arco de Argentino de Merlo, y es una de las vallas menos vencidas del femenino de Primera C e incluso estuvo preseleccionada para el Sub 16 argentino.

¿Se piensan que los cuerpos técnicos son como los de la primera masculina? La respuesta es un rotundo NO. Los CT tienen que cumplir funciones de maestro. Les tienen que enseñar desde cómo parar la pelota, hasta cómo moverse en la cancha, y lo más importante: ¡el reglamento!.

Las chicas, en su mayoría no son adineradas. Muchas son madres y, a su vez, tienen que trabajar todo el día. Para entrenar a veces deben ingeniárselas para ir. No hay un peso. Los clubes no dan nada porque están arruinados o porque no les interesa al no ser «negocio».

Ah, no se crean que entrenan en canchas como cualquier equipo «normal» del masculino. Lo deben hacer en plazas y campintos.

Salvo clubes serios como Tigre, Chacarita, Argentinos o San Miguel, por citar a algunos, que lo hacen en un ambiente «normal».

Villas Unidas entrena, por ejemplo, en cancha de fútbol siete. Tremendo dolor de cabeza para las chicas y para el CT cuando deben jugar en cancha de once que tiene dimensiones como el campo de Argentino de Merlo, que es gigante.

Como fotógrafo más de una vez me tocó gritarle a alguna arquera o defensora que se mandó una pifia, sea del equipo que sea: «¡Arriba! ¡¡¡El partido termina en el minuto 90. La cag.. la arreglás en la semana en la práctica!!!»

Más de una vez me pasó acercarme a la futbolista que llora desconsolada, hablarle sobre los errores groseros de futbolistas que ganan millones de dólares y que no tienen que estar en un taller de costura, una fábrica, en una oficina, hospital, comercio o cambiando pañales todo el día o soportando los golpes de su pareja…

Eliana Pérez de Fénix

Las futbolistas deben hacer colecta, muchas veces, para pagar el ómnibus que las transporta a la cancha cuando son visitantes, ah, si es que alcanza sino a viajar en tren y en bondi. Hay jugadoras que no tienen dinero para pagarse el transporte para ir a las prácticas. Otras no van porque son maltratadas en sus hogares por «machotes de cocina», como se dice en mi querido Brasil. Hay más, mucho más, para contar, pero prefiero parar acá.

Mirá el video que me hizo hervir la sangre. Los comentarios son lamentables.

Marcelinho Witteczeck

@lostribuneros

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