Diez años de decadencia juvenil argentina  

El análisis se cae de maduro, pero igual hay que ponerlo sobre la mesa. Los juveniles argentinos andan por la oscuridad desde hace ya 10 años, demasiado tiempo para el prestigio de nuestro fútbol. La eliminación del Sub 20 en el Mundial de Corea del Sur, a quien no le alcanzó un triunfo 5-0 para ser mejor tercero, es el hecho más reciente de una larga y triste novela, no sólo en resultados, sino más aún en su trabajo.

Un gol de Arabia Saudita eliminó a Argentina, aunque parezca risueño. El 1-1 ante Estados Unidos mandó a los de Ubeda, que esperaban algo tras su 5-0 a Guinea del viernes, al quinto lugar de la bendita tabla. Un milagro que se ansiaba repetir no se repitió, ya era mucho el que se había dado en febrero en Ecuador, cuando el increíble 0-0 del gran Brasil con Colombia metió a los chicos en este Mundial. Pero la competencia surcoreana los devolvió a la realidad.

Todo venía mal nacido desde donde debía nacer. El proyecto de juveniles. En esta AFA que nada en un océano de desatinos, no hubo nada de eso, lo que tan bien habían realizado José Pekerman y su gente entre 1995 y 2007. Las 44 carpetas no sirvieron para nada, porque un tal Claudio Ubeda, ex DT de Boca Unidos, Huracán y Racing, sin experiencia suficiente ni en el banco ni en chicos, fue puesto a dedo por la famosa Comisión Normalizadora, ésa que sólo figuró nominalmente. La que acompañó los cambios constantes de técnicos  a lo largo de 10 años, tanto en Sub 23 y 20 como en 17. Se ganó una cuarta plaza a los empujones, con un 2-0 a Venezuela y dos 0-3 con Uruguay y Ecuador. La dirigencia de los clubes no colaboró negando jugadores, como el caso de Ezequiel Barco de Independiente, cuya ausencia se notó. Y así, repitiendo aquellos años 70 de improvisación y desorganización, los pibes fueron a Corea del Sur librados a la buena de Dios. Con todo, dieron la cara, jugaron por momentos bien y lucharon hasta el último minuto con una garra envidiable, la que le falta a veces a la mayor, y cayeron de pie en la primera ronda, pero con las manos en la cara de una nueva frustración. Así se llama quedar afuera en primera ronda por segunda vez cvonsecutiva.

Esta es la versión más reciente de un grave abandono en el área, un área muy importante, en un país que tiene al semillero como bandera. Pero desde la inexplicable salida de Pekerman y sus colaboradores, Argentina fue una pelota que picó para todos lados sin ton ni son. Por ejemplo…

Tras el doble campeonato Sub 20 2005 y 2007, con Messi y Agüero como nombres más destacados, los maestros fueron echados y en 2008 asumió Sergio Batista, a quien se consideraba casi un revolucionario (“yo quiero jugar como el Barcelona”, dijo). Llevó a la Selección Sub 23 al oro en los Juegos Olímpicos de Pekín, pero tenía a Messi, Riquelme y Agüero. Pero luego envió al Juvenil al sexto y último lugar de la ronda final del Sudamericano 2009 de Venezuela, quedando afuera de la Copa tras 22 años. Ese mismo año, el Sub 17 que era de Miguel Tojo, un experto, ahora fue de José Luis Brown y se fue en octavos del Mundial con Colombia.

Para 2011 vino Walter Perazzo al Sub 20, y si bien lo metió en el Mundial, no pudo hacerlo para los Juegos Olímpicos Londres 2012, con un plantel mediocre en calidad. Y en Colombia, el equipo llegó hasta los cuartos de final contra Portugal. El Sub 17 ahora de Oscar Garré no pasó los octavos de nuevo en México, mientras Uruguay se consagraba con Fabián Coito subcampeón.

A la par de los cambios constantes en la mayor (Batista, Maradona, Sabella) en 2013 fue designado Marcelo Trobbiani, sin experiencia, para el Sub 20 y Humberto Grondona, hijo del extinto presidente de la AFA, para el Sub 17. Ambos Sudamericanos eran en nuestro país. Sin embargo, el Sub 20 quedó de forma humillante afuer a en la primera ronda, no pudiendo entrar entre tres equipos de cinco al hexagonal final, lo que no había pasado nunca, ni siquiera ese 2009 con Batista. Grondona limpió un poco la cosa sacando campeón regional al 17 y llevándolo cuarto en la Copa de Emiratos Arabes Unidos, con figuras (uno de los pocos buenos tiempos) como Batalla, Mammana o Driussi. Esa base debía servir para el siguiente 20, en 2015. “Humbertito” tomó el mando y parecía haber un resurgimiento con el brillante título sudamericano en Uruguay y el pase directo a los Juegos de Río 2016, pero en Nueva Zelanda no se cedió a tiempo a jugadores, Argentina jugó mal, no pudo con Panamá y Austria y se fue en la primera ronda. A todo esto, un tal Miguel Lemme, otro sin capacidad, se hizo cargo del Sub 17, al que comandó a un papelón en el Mundial de Chile, con tres derrotas y un solo gol, el de penal de Tomás Conechny ante Australia.

Por supuesto, el desastre en el semillero lo sufrió la Sub 23, que padeció además los disparates de la no-AFA, con 9 jugadores para entrenarse y hasta la posibilidad de no presentarse por ese problema. Al final un remendado con camiseta blanca y celeste fue a Río y un tal Honduras lo mandó de nuevo a casa.

Y ahora, la novela contada, conocida, dolorosa, prolongada. El efecto dominó que el fútbol argentino sigue arrastrando a todo nivel y que no parece llamar la atención de los dirigentes, que parecen a su vez no mostrar tal mandato, dirigir. Señores, a ver si se despiertan del mal sueño: Argentina se fue en primera rond a por segunda vez seguida. inédito y triste. El Sub 17 no entró a India 2017, en un torneo que tendrá a Níger, Nueva Caledonia o Irak. Ya no hay tantos talentos, y los que hay se los pisotea así. Los técnicos que hay en el área, como Gabriel Rodríguez o Enrique Borrelli, no son llamados, preferible copar los titulares de la prensa con apellidos sonoros. Entonces, no le caigamos a los chiccos, que han hecho lo que han podido, si desde la base la cuestión viene mal. Tan mal como diez años de decadencia. Demasiado tiempo, demasiado triste. Que el análisis sirva para mejorar.

Diego Martín Yamus.
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