Venezuela, rival de Uruguay: la Cenicienta que creció

Foto: EFE/Iván Franco

Hasta no mucho tiempo atrás, cuando en el mundo del fútbol uno decía Venezuela, era el sinónimo de pobreza y goleadas abultadas en contra. Era la “cenicienta”, el país al que había que marcarle la diferencia en cualquier torneo internacional. Desde inicios del nuevo milenio, esa cenicienta cambió la historieta negativa por su propio cuento de hadas: triunfos, chances de clasificación a cosas importantes, logros históricos, respeto de sus rivales. Y ya es una realidad visible, al punto de que ahora la “vinotinto”, apodada así por el particular color bordó de su camiseta, es temida.

Contrariamente a lo que se supone, Venezuela vio el amanecer del deporte en su paradisíaco territorio en 1920, cuando se practicaban los primeros partidos por inmigrantes; era el inicio de los campeonatos de forma amateur. En 1925 se fundó la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) para organizar mejor el deporte. Pero fue recién en 1938 que la selección, creada a principios de los 30, empezó a jugar oficialmente. El 12 de febrero disputó su primer encuentro ante Panamá por los 4º Juegos Centroamericanos y del Caribe, perdiendo 3 a 1. Una historia muy incipiente, modesta, que terminó de asentar sus bases en 1952 con la afiliación a la FIFA y al año siguiente a la CONMEBOL, y en 1957 con el arranque de la era profesional. Sin embargo las participaciones siguieron siendo esporádicas, a pesar de que en 1965 tomó parte de su primera eliminatoria mundialista para Inglaterra 1966, y dos años después jugó su primera Copa América en Uruguay, debutando en 1967 en el Centenario ante Chile con una derrota 0-2 y una camiseta muy especial: la de Peñarol, que por la similitud de su bordó con la roja chilena debió vestir, indumentaria que consiguió en los depósitos del estadio.

Desde entonces y por dos décadas, sus encuentros se limitaron a torneos de peso como las eliminatorias y la Copa más algún aislado amistoso, la gran mayoría con derrotas y, de éstas, varias amplias, como el 0- 11 que Argentina le endosó en el certamen sudamericano de 1975. Incluso en 1974 fue excluido temporalmente de la FIFA por diferencias entre la Federación y la Liga Profesional de Fútbol. Hubo algún oasis como su singular clasificación para los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980, beneficiado por el retiro de Argentina, campeón pero  plegado al boicot contra la URSS, que tiempo antes invadió Afganistán. Por lo demás, malos números, poca estructura y poco arraigo pesaron en su historia más que el entusiasmo de sus jugadores, cayendo libremente con los años. El fútbol se desarrollaba en San Cristóbal, ciudad cerccana a Colombia, sede de los juegos de la selección, en el recordado estadio Pueblo Nuevo. Un repunte se vio con la Copa América de 1993  en Ecuador, donde Venezuela tuvo a Uruguay al borde de la derrota (2-2) y le igualó a Estados Unidos tras ir 0-3, consagrando a José Luis Dolgetta héroe inesperado como goleador del certamen con 4 goles. Fue sólo otro momento aislado, ya que el mal nivel siguió al punto de ocupar en 1998 su peor lugar en la clasificación de la FIFA, en el puesto 129.

La larga historia de pobreza comenzó a cambiar desde inicios de los 2000, cuando el gran José Omar Pastoriza llegó al país para hacerse cargo del combinado nacional y de un proyecto integral. El deporte tuvo más desarrollo, el panorama general mejor estructura y consecuentemente, los resultados fueron de a poco sonriéndole. En 2000 le ganó a Bolivia su tercer partido mundialista. Y a partir de 2001, con el arribo de Richard Páez, comenzó a producir momentos históricos: la victoria eliminatoria sobre Uruguay 2 a 0, otra sobre Chile en Santiago, la primera absoluta ante Argentina en el Sudamericano Sub 17 de 2001 y poner en aprietos al mismísimo Brasil en la última fecha de la fase previa al Mundial de  Corea del Sur y Japón, cuando la verdeamarelha lo derrotó por 3 a 0, con el primer gol de Luizao con infracción previa. Ese equipo ocupó entonces el noveno lugar de la tabla, que mejoró con un octavo para Alemania 2006, donde también marcó triunfos resonantes como el “Centenariazo”, el 3-0 que le endilgó a la celeste en el propio Centenario el 31 de marzo de 2004. Una época gloriosa, que tuvo su epicentro en la Copa América que Venezuela organizó en 2007, donde llegó hasta cuartos de final, y en la de 2011, cuando en Argentina arribó a un histórico cuarto puesto. Fue la mejor generación de futbolistas como Juan Arango, el máximo presente y referente ineludible, Ruberth Morán, Rondón, Vega, Cichero, Vizcarrondo, Urdaneta. Por tales actuaciones, el fútbol y la selección crecieron en popularidad, el apodo “vinotinto” se arraigó mucho más, también el conjunto recibió el mote de “los lanceros de Páez” (por aquellos guerreros de la independencia) y hasta la empresa de comunicaciones Movistar hizo un comercial que mostraba hinchas entusiasmados mirando un partido de la selección, algo impensado antes. Más tarde, logró el primer éxito ante Argentina a nivel absoluto, ya que con gol de Amorebieta lo derrotó camino a Brasil 2014. Además, el crecimiento se alargó a las selecciones menores, cuando en 2009 la Sub 20 de César Farías consiguió el hito de llegar a su primer torneo FIFA, el Mundial de Egipto, y en 2013 la Sub 17 estuvo a punto de ser campeona sudamericana y entró por primera vez a un Mundial, el de Emiratos Arabes Unidos.

Ahora, la oncena comandada por el ex gran arquero Rafael Dudamel, que entre otros clubes pasó por Quilmes, se prepara para la próxima edición de la Copa América, bautizada Centenario por los 100 años de la CONMEBOL, en junio en Estados Unidos, donde compartirá el grupo C con México, Jamaica (su estreno el 5 de junio en Chicago) y Uruguay, a quien enfrentará el 9 en Filadelfia. Con la celeste tiene toda una historia, desde su primer encuentro el 23 de mayo de 1965 en su primera eliminatoria, cuando los uruguayos ganaron 5-0 en Montevideo. En 1967, en su primera Copa, tras perder con Chile fue superado por Uruguay 4 a 0 (dos de Pepe Urruzmendi y dos de Oyarbide) en el mismo lugar. El primer punto venezolano fue en 1977, un 1-1 en Caracas previo a Argentina 78, que complicó a la celeste luego eliminada. En la Copa de 1983, Uruguay se impuso 3-0 de local pero con sabor muy amargo por la lesión de Fernando Morena, fracturado por un defensor. En 1993, los caribeños fueron arriba dos veces y Fernando Kanapkis lo empató de cabeza en el minuto 79. Luego llegaron más triunfos charrúas, como el 2-0 de visita en la ruta a Francia 98 en 1996, por Fonseca y Poyet.

Pero en los 2000 Venezuela comenzó a ser una sombra negra para la celeste, primero con el triunfo de 2001 (Morán y Rondón) y especialmente con el 3-0 del Centenario en 2004, con goles de Urdaneta, Héctor González y Arango. Oficialmente la vinotinto no perdió ante la celeste durante 5 encuentros, con 3 victorias y 2 empates. Los de Tabárez se desquitaron en la Copa de 2007 en tierra venezolana batiendo 4-1 al local (dos de Forlán, Pablo García, Cristian “Cebolla” Rodríguez y Arango) en cuartos de final. Y los dos últimos partidos les fueron favorables, ambos por la fase previa de Brasil 2014: en 2012, empate a uno en Montevideo y el último hasta hoy, el 11 de junio de 2013, 1-0 en Puerto Ordaz con gol de Edinson Cavani a los 27 minutos. Ese día Uruguay rompió una serie de tres sin ganarle, desde el 4-1 de 2007,   y formó con Muslera; Maximiliano Pereira, Lugano, Godín, Cáceres; Diego Pérez (Eguren 75´), Gargano, Gastón Ramírez (Alvaro González 59´), Cristian Rodríguez (Alvaro Pereira 84´); Forlán y Cavani. Es tiempo de actualizar este historial en Estados Unidos. Pero pensar que a Venezuela se le hace media docena de goles es antiguo. La cenicienta ya está grande para eso.

Ver también:

Jamaica, rival de Uruguay: una larga historia

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Diego Martín Yamus.

diegoanita@hotmail.com.ar