Quejarse del árbitro, enfermedad crónica argentina

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No sólo cuando se acerca el final de un campeonato se sospecha de los árbitros. Se lo hace al comienzo, al medio, cuando favorecen (según la teoría) a tal, perjudican a tal otro. Entonces se los culpa, se los pone en el tribunal de la inquisición, más de lo que ya están naturalmente, como injusta justificación al rendimiento malo de un equipo. Hasta llega el disparate de que dirigentes no sólo salgan a protestar al estilo Passarella en 2009, sino que recusen a determinado juez para dirigir a su club.

Pongamos blanco sobre negro, que al fútbol nuestro tanta falta le hace: el árbitro, los árbitros, Fulano, Mengano, Zutano o como se llame, no es el culpable, tampoco la razón de las estadísticas. Ni Boca es puntero con 12 puntos porque a San Lorenzo le expulsaron dos jugadores, ni River está 20 sobre 28 y con una racha negativa negra por culpa de los errores de Baliño ante Godoy Cruz. Ni tampoco, vale ser justos, el millonario perdió el sábado con Vélez sólo 1-0 porque al Fortín no le dieron dos claros penales. Es cierto, los hombres antiguamente de negro, ahora de colores, están teniendo un mal presente, reconocido por su director, el ex mundialista Horacio Elizondo. Pero creer que las decisiones de un colegiado marcan el tablero final, es, lamentablemente, una enfermedad argentina que se repite y repite a pesar del paso de los años.

Diego Martín Yamus.
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