Los pecados de Boca

Esta tarde, Boca perdió ante River más que un superclásico. Perdió un partido que puede ser clave en la definición del campeonato de Primera División. Y así como hubo razones desde el buen rendimiento de su rival, que jugó muy bien y lo ganó con autoridad, también se evidencian cada vez más varios errores que traen malos resultados.

Por ejemplo, una de ellas fue la poca actitud del xeneize. Mientras River jugó el encuentro como lo que era, una final, Boca pareció estar disputando un amistoso. Se notó tras el primer gol, donde fue superado nítidamente pero no reaccionó, ni con juego ni con rebeldía.

Una de las claves de los últimos sinsabores de Boca es su defensa. Guillermo Barros Schelotto, su técnico, también responsable, dijo que no necesita nuevos defensores porque está bien atrás. En las últimas fechas se vio todo lo contrario. Tanto individual como en grupo, la retaguardia es muy floja, le llegan con facilidad y con demasiado peligro. Y, como hoy, hasta erran pases que, como en el tercer gol, son decisivos.

Guillermo sigue cometiendo errores de conducción. Empecinado en gritar y protestar a troche y moche, no repara en sus fallos. Se encapricha con su 4-3-3 que a la vista da malos resultados, hace al equipo permeable, liviano, sin contención. Cuando jugó contra Arsenal, al no contar con Centurión lesionado, puso un 4-3-1-2 que le dio exceletnes dividendos. Al volver el ex Racing retornó a su esquema favorito, del cual está tan enamorado que no se despega, y el equipo lo siente.

Hilando más fino, encontramos más errores del DT con ciertos jugadores y cambios. Centurión venía arrastrando un mal estado físico, pero esta pésima costumbre de los entrenadores de arriesgar al futbolista sale mal. Y le salió mal a Guillermo, ya que a los 16 minutos el delantero se retiró con un desgarro, gastando un cambio.

En su lugar ingresó Walter Bou, un centrodelantero nato, para acompañar a otro centrodelantero, Darío Benedetto. NO era el hombre indicado para entrar, era preferible Junior Benítez, más apto para desbordar por afuera, la misma labor de Centurión. Bou entró y si bien tuvo aquella gran chance sobre la hora, cuando Batalla le tapó doblemente, no pesó en el encuentro. Está demostrado, dos nueve son al menos incómodos entre sí.

No se sabe ni entiende qué pasó con Benítez, quien estuvo mirando el clásico desde el banco. No ingresó en ese momento, tampoco lo hizo en el transcurso del segundo tiempo, aunque a Boca le quedaba una variante. Y fue muy raro cierto juego fuerte de algunos, como Gago que al minuto lo dejó a Casco fuera de acción, o Fabra que debió ser expulsado por un planchazo.

No por nada se pierde un partido. No por nada se juega mal y se entristece al hincha. Y la sumatoria de sus pecados hizo a Boca pasar una de sus peores tardes de 2017 y del torneo. Ahora, como toda vez que se comete pecado, debe confesarse, recibir el perdón y volver por el buen camino. Que no sea demasiado tarde.

Diego Martín Yamus.
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