A la hora de abrir los ojos

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La venta de los derechos de televisión a los privados marca el regreso del fútbol pago. Un retroceso al que este cronista cree que hay que oponerle la desobediencia civil.

ALEJANDRO CARAVARIO de uncaño.com

NO PAGUE PARA VER

El asunto en el fútbol es cómo pelan la supuesta gallina de los huevos de oro. Un grupo de interventores que nadie votó y que tampoco tienen el menor mérito en el desarrollo del fútbol profesional (la razón del negocio) decidirán si Fox en maridaje con Turner, Espn o Media Pro (el Pro siempre está en el medio) se hacen cargo de las transmisiones.

Ninguno promete valor agregado. Ninguno es mejor en términos de beneficio para la audiencia. Todos tomarán una mercancía criada y moldeada por otros (la cadena es larga e involucra colegios ingleses, futbolistas amateur, hinchas fervorosos, clubes fundados al calor del barrio y aplicados docentes de divisiones inferiores, entre muchos otros componentes) para ganar plata sencilla merced a un público cautivo que, para colmo, viene endulzado por el maldito populismo y acostumbrado a ver hasta el último partido en la cocina y tomando mate.

Curiosamente, el gran banquete que vocean con tanta energía los dirigentes argentinos, no lo es tanto para el fútbol mismo, es decir para los clubes. Si han salido a suplicarle a las corporaciones es porque el negocio se hizo inviable. La plata del estado no alcanzaba para nada. ¿Por qué alcanzaría la de Minga Sports o Socma TV? ¿La oferta oculta en los pliegos salvadores contiene la cifra que colmará las necesidades económicas de las instituciones, que dispondrán así de chequera libre para contratar estrellas y, a la vez, invertir en fútbol formativo? ¿O no será para tanto pero los directivos, cuya ineptitud y pusilanimidad han llevado a este naufragio, se convertirán en administradores modelo a la sola firma del nuevo contrato?

Querría creer que esta entrega del fútbol, que supo ser para todos, marcará el hito del despegue. Que, de a poco, iremos teniendo unos campeonatos formidables, canchas del primer mundo con localidades accesibles y presidentes de clubes en franco combate a las mafias a las que hoy les habilitan poder.

Sin embargo, sospecho que el fútbol simplemente manejará más dinero. Quizá mucho más, sin que nada se transforme como es necesario. ¿Ganará el mejor en esa puja de megaempresas o el gobierno nacional, como es costumbre, meterá la cola para que facturen los amigos?

Los detalles sobre los actores y las ofertas en juego fueron explicados en este espacio por Mariano Hamilton, con su habitual magisterio y conocimiento de causa. Me limitaré a lo más saliente: habrá que pagar para ver el fútbol, con cualquiera de las fórmulas. Lo que equivale a decir que se conculcará un derecho, sin que esto merezca la menor atención.

Entre los picapleitos que fatigan los tribunales, a veces por giladas, acaso alguno encuentre la manera de interponer algún escrito, al menos para hacer ruido y discutir el tema con algo más de calma y enfocando su consistencia política. Armando Pérez, mejor conocido como Pepe Curdele, tasa el fútbol como si fuera un toro en el remate de la rural. No razona en nombre del público.

A la espera de que los hinchas se agrupen para movilizarse por la gratuidad del fútbol por televisión, propongo que tratemos de abstenernos de consentir un retroceso. No les paguemos a los apropiadores de la pelota. No importa el nombre de la compañía. Estaba por decir que las horas de fútbol las aprovechemos para leer, fornicar a destajo o pasear con los chicos. Pero sé que, para la mayoría, ninguna de esas actividades supera la diversión del fútbol. Así que habrá que volver al bar y socializar el gasto (entre los 40 que ven los partidos pagan el abono; quizá se puede hacer un arreglo formal con el dueño del establecimiento, como si se tratara de una membrecía) o ir más seguido a la cancha. Si los torneos son bodrios como la competencia actual, nadie se perderá mucho al reducir su consumo dominguero a los programas (gratuitos) que resumen la fecha.

No es una privación tan terrible y representa un modo acotado, modesto, de la desobediencia civil (a la normativa empresaria, que rige por estos días como palabra santa en lugar de la ley). Una pequeña libertad. O sacarnos un rato ese dedo que nos hundieron en el culo.

Artículo publicado en uncaño.com respecto a los derechos de tv del fútbol argentino

Fuente: futbolflorida.com

Diego Martín Yamus.
diegoanita@hotmail.com.ar

@lostribuneros